La Geometría de la Humillación y el Voltaje del Contacto Basal
La huella estaba húmeda antes de que el pie tocara el suelo.
La vi sobre la cal.
Nítida.
Completa.
Como si alguien hubiera abandonado la habitación unos segundos antes.
Solo después recordé que el Amo todavía no había entrado.
No fue el pie lo que me inquietó.
Fue reconocer la marca.
Mi cuello ya se había tensado.
Mi respiración ya se había acortado.
El cuerpo parecía conocer una secuencia que yo todavía no había recibido.
Intenté apartar la vista.
La huella seguía allí.
Intenté recordar cuándo había visto aquella forma.
No pude.
La habitación conservaba una cualidad mineral que hacía imposible distinguir entre recuerdo y presencia.
Había algo más.
Junto a la marca apareció una segunda impresión.
Más antigua.
Más profunda.
La lógica sugería que debía ser la primera.
La profundidad decía lo contrario.
Pensé que el problema era la huella.
Después descubrí que era mi memoria.
Porque empecé a recordar una escena que nunca había ocurrido.
O quizá había ocurrido y era yo quien había llegado tarde.
Observé las grietas del muro.
Las líneas parecían converger hacia el lugar donde descansaría el pie.
No donde descansaba.
Donde descansaría.
Mi cuerpo reaccionó antes de que la habitación confirmara la sospecha.
Las manos cambiaron de posición.
Los hombros descendieron.
La mandíbula dejó de sostener parte de su peso.
Como si una orden hubiera sido emitida.
Como si hubiera sido obedecida.
Como si faltara únicamente escucharla.
Busqué una explicación.
No encontré ninguna.
Encontré un registro.
Una anotación escrita directamente sobre la cal.
No recordaba haberla leído.
Sin embargo sabía lo que decía antes de acercarme.
La frase era breve.
«No es la primera vez.»
Pensé que se refería a la huella.
Pensé que se refería al gesto.
Pensé que se refería a la habitación.
Más tarde comprendí que podía referirse a la lectura.
Seguí observando.
La segunda nota apareció varios minutos después.
O quizá siempre había estado allí.
«No es la primera vez que encuentras la primera.»
Entonces empecé a preocuparme.
No por la marca.
No por el pie.
No por el Amo.
Sino por la facilidad con la que mi cuerpo aceptó una explicación imposible.
Tengo que mover el cuello.
Creo que tengo que mover el cuello.
La anotación siguiente no mencionaba el cuello.
Y fue entonces cuando empecé a buscarla.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo la carne que ya no puede evitar ser piedra de toque se sostiene sin objeto el registro no puede cerrar debería…