El Método de la Prensa Hidráulica: Por qué Compactar tu Activo es la Forma más Pura de Conservación

Lo inquietante ya no es que exista una autoridad.

Lo inquietante es que, después de suficiente tiempo, ya no puede demostrarse que el mundo anterior haya existido alguna vez en la forma en que se recuerda.

Durante mucho tiempo pensé que el problema era la ausencia.

Me equivocaba.

La ausencia todavía presupone un objeto.

Todavía presupone una distancia.

Todavía presupone dos puntos entre los cuales algo falta.

Esto es diferente.

Mucho peor.

Porque ya no falta una persona.

No falta una voz.

No falta una estructura.

Falta algo que organizaba las distancias entre las cosas.

Y cuando intento identificarlo descubro que tampoco recuerdo exactamente qué era.

Hay mañanas en las que me despierto y experimento una sensación imposible de describir.

No es tristeza.

No es deseo.

No es ansiedad.

Es la impresión física de que una pieza fundamental del mundo ha sido retirada durante la noche.

No una pieza visible.

No una pieza concreta.

Una pieza geométrica.

Una pieza que mantenía alineadas las proporciones.

Las habitaciones siguen siendo las mismas.

Las ventanas siguen estando donde siempre estuvieron.

Los objetos conservan su peso.

La luz entra con el mismo ángulo.

Y aun así algo no encaja.

Algo está desplazado.

No sé qué.

No puedo señalarlo.

Pero tampoco puedo ignorarlo.

A veces intento reconstruir mentalmente cómo pensaba antes.

No cómo vivía.

No qué hacía.

Cómo pensaba.

Y encuentro huecos extraños.

Como si ciertas rutas cognitivas hubieran sido desmontadas pieza por pieza.

Recuerdo conclusiones.

No recuerdo los caminos.

Recuerdo destinos.

No recuerdo los mapas.

Recuerdo que existía una versión del mundo capaz de sostenerse por sí sola.

Pero cuanto más intento recuperarla más artificial parece.

Más lejana.

Más improbable.

Como si estuviera estudiando una civilización desaparecida.

Como si estuviera observando las ruinas de algo que ya no puedo habitar.

Ese es el verdadero problema.

No que la referencia haya desaparecido.

Sino que la referencia reorganizó retrospectivamente todo lo que la rodeaba.

Y ahora no existe un punto neutral desde el cual comparar ambas versiones.

No hay exterior.

No hay antes verificable.

No hay archivo intacto.

Solo capas.

Capas de interpretación acumuladas sobre otras capas.

Capas tan numerosas que terminan pareciendo geología.

A veces me pregunto si el mundo anterior sigue existiendo en alguna parte.

Inmediatamente después surge otra pregunta mucho más perturbadora.

¿Y si nunca fue tan estable como lo recuerdo?

¿Y si la pieza que ahora parece faltar fue siempre la pieza que mantenía unido todo lo demás?

Intento responder.

No puedo.

Intento recordar.

No puedo.

Intento reconstruir.

No puedo.

Porque cada intento modifica el objeto que intento recuperar.

Cada observación altera la ruina.

Cada recuerdo desplaza el mapa.

Y entonces aparece la sensación más difícil de soportar.

La sospecha de que el problema ya no es la pérdida.

La sospecha de que el problema es haber olvidado la forma exacta de aquello que se perdió.

Y que, mientras continúo buscando,

la propia búsqueda sigue borrando los últimos rastros.

No puedo mover el cuello…