El Grillete del Tiempo: El Collar como Interfaz de Saturación en el Mecanismo Sadiano

No sé cuándo empezó exactamente a ocupar tanto espacio.

Si lo pienso, podría señalar una tarde cualquiera. Una búsqueda. Un vídeo. Un artículo. Algo que encontré por accidente y que debería haber cerrado a los treinta segundos.

Pero no lo cerré.

Y ahora, cuando intento explicarlo, todo suena peor de lo que parece.

Porque no estoy haciendo nada.

Ni siquiera ha pasado nada.

No he conocido a nadie.

No he tenido ninguna experiencia.

No hay sesiones. No hay collar. No hay nada real.

Solo estoy leyendo.

Y, sin embargo, cada vez siento menos que sea solo lectura.

Eso es lo que me cuesta admitir.

A veces estoy en el trabajo y me descubro pensando en algo que leí la noche anterior.

Una frase.

Una imagen.

Una descripción absurda que no debería significar nada.

Y aun así vuelve.

Como una canción que se queda atrapada en la cabeza.

Lo peor es que no entiendo qué es exactamente lo que me atrae.

Durante semanas pensé que era algo sexual.

Era la explicación más sencilla.

Pero ya no estoy seguro.

Porque la excitación cambia.

Al principio era inmediata.

Ahora es otra cosa.

Más lenta.

Más profunda.

Más incómoda.

Como una curiosidad que se ha mezclado con algo que no sé nombrar.

A veces leo historias sobre collares.

Y me siento ridículo escribiendo esto.

Porque no es el collar.

Es lo que parece representar.

La sensación de que algo tan pequeño pueda significar tanto para alguien.

Que un objeto cualquiera pueda terminar ocupando espacio en la cabeza de una persona hasta convertirse en algo importante.

No entiendo por qué sigo pensando en ello.

De verdad que no.

He intentado dejar de leer sobre estas cosas.

Más de una vez.

Cerrar pestañas.

Borrar historiales.

Convencerme de que es una fase rara.

Pero siempre vuelve.

No con fuerza.

No de golpe.

Vuelve despacio.

Mientras estoy aburrido.

Mientras estoy tumbado en la cama.

Mientras espero el autobús.

Como si una parte de mí siguiera haciendo preguntas aunque yo ya hubiera decidido dejar de preguntar.

Y entonces vuelvo a leer.

Solo cinco minutos.

Solo por curiosidad.

Solo para entenderlo mejor.

Siempre encuentro una excusa.

Y cada vez que vuelvo descubro algo nuevo.

Y cada vez que descubro algo nuevo me siento un poco más confundido.

Porque debería estar perdiendo interés.

Y ocurre exactamente lo contrario.

Hay momentos en los que me da vergüenza incluso reconocer cuánto tiempo he dedicado a pensar en esto.

Porque desde fuera parece absurdo.

No ha pasado nada.

Y, sin embargo, siento que algo está pasando.

Algo pequeño.

Lento.

Difícil de explicar.

Como si la curiosidad hubiera empezado a crecer por debajo de todo lo demás.

Y ahora estuviera ocupando más espacio del que debería.

Si pudiera explicar qué estoy buscando, quizá podría dejar de buscar.

Pero todavía no sé qué es.

Y sospecho que esa incertidumbre es precisamente lo que me hace volver.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…