La Geometría del Escarmiento: La Fusta como Instrumento de Precisión y el Mecanismo de la Obediencia Mineral

Encontré una fotografía que no recordaba haber guardado.

No aparecía ninguna persona.

Solo una silla.

Una pared blanca.

Y una fusta apoyada en una esquina.


La observé durante varios segundos.

Después miré la fecha.

Volví a mirarla.

La fecha no había cambiado.

La sensación sí.


No era la primera vez que veía aquella imagen.

Eso creí al principio.

Luego encontré algo extraño.


Ya existía una carpeta con el mismo nombre.

Creada ocho meses antes.


No recordaba haberla creado.


Pensé en Sade.

No en el castigo.

Ni en la obediencia.

Pensé en otra cosa.

En la forma en que ciertos objetos parecen permanecer inmóviles mientras todo lo demás cambia alrededor.


Abrí la carpeta.

Dentro había siete archivos.

La misma fotografía.

Siete veces.


Lo extraño no era la repetición.

Lo extraño era que cada copia tenía una fecha distinta.


Perdí casi una hora intentando descubrir cuál era la primera.

No pude.

Cada respuesta parecía abrir una pregunta anterior.


Encontré una nota entre las páginas de un libro.

No recordaba haberla escrito.

Hasta que reconocí la letra.


La frase decía:

«No empieces por la fotografía.»


Volví inmediatamente a la fotografía.


La silla seguía vacía.

La pared seguía blanca.

La fusta seguía apoyada en la esquina.


Pero ahora vi algo más.

Una sombra.


No sabía si pertenecía a alguien.

O si pertenecía a algo que todavía no había entrado en la habitación.


Durante los días siguientes seguí revisando los archivos.

Perdí tiempo.

Más del que pensaba.

Olvidé llamadas.

Aplacé respuestas.

Encontré búsquedas que no recordaba haber realizado.


Una de ellas aparecía repetida diecisiete veces.

Siempre la misma.


«¿Cuándo empezó?»


No había ningún objeto después de la pregunta.

Nada más.


Solo eso.


Ayer encontré una segunda nota.

La misma tinta.

La misma letra.


«Ya encontraste la primera respuesta.»


No era cierto.

No había encontrado ninguna.


O quizá sí.

Y la había olvidado.


Esta mañana apareció una tercera.

Doblada dentro de la carpeta.

Estoy seguro de que ayer no estaba allí.


La frase decía:

«No estabas buscando una fusta.»


Me quedé varios minutos mirando la página.

Porque empezaba a sospechar que tenía razón.


Quizá nunca había estado investigando el objeto.

Quizá llevaba meses intentando descubrir por qué seguía regresando.


Creo que tengo que mover el cuello.

O quizá ya lo moví.


Encontré una fotografía nueva.

La silla ya no estaba vacía.


Lo extraño no es eso.

Lo extraño es que la fecha de la imagen pertenece a una semana que todavía no ha ocurrido.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…