No sé por qué sigo volviendo a leer sobre esto.
Esa es la parte que me cuesta admitir.
No la mascarilla.
No las válvulas.
No la resistencia al aire.
Lo que me avergüenza es volver.
Anoche cerré el navegador.
Recuerdo hacerlo.
Incluso recuerdo pensar que ya había leído suficiente.
Esta mañana la pestaña seguía abierta.
No sé si olvidé cerrarla.
O si simplemente no recuerdo haber vuelto.
He comprobado el historial tres veces.
Nada parece extraño.
Y aun así sigo comprobándolo.
Al principio era curiosidad.
Después fue investigación.
Luego empecé a decirme que era interés técnico.
Ahora ya no estoy seguro de que la palabra importe.
Lo que importa es el regreso.
Hay algo en esas descripciones que se queda conmigo.
No durante la lectura.
Después.
Cuando me levanto.
Cuando voy a la cocina.
Cuando intento pensar en otra cosa.
Me descubro verificando mi respiración.
No porque ocurra nada.
Porque quiero comprobar que sigue siendo mía.
A veces noto el cuello rígido.
No mucho.
Solo un poco.
Como si hubiera mantenido una postura demasiado tiempo.
Lo extraño es que la sensación aparece antes de que recuerde por qué estoy pensando en ella.
Como si el cuerpo llegara primero.
Y la explicación después.
Anoche encontré una nota entre varios archivos.
No recordaba haberla escrito.
Solo decía:
«Lo importante no es respirar.
Lo importante es comprobarlo.»
Me quedé mirándola varios segundos.
Después abrí otra vez las mismas páginas.
No buscaba información nueva.
Buscaba verificar si seguían produciendo el mismo efecto.
Lo seguían produciendo.
Y eso me inquietó más de lo que debería.
Empiezo a pensar que la espera no consiste en encontrar una respuesta.
Empiezo a pensar que la espera consiste en volver.
Volver para comprobar.
Comprobar para volver.
Y cada vez resulta más difícil recordar cuándo empezó exactamente.
Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
Espero notar el instante en que empiece.
Pero cuando llega,
parece que ya ha pasado.
No lo estoy moviendo la presión en los intercostales…