El Sedimento del Vacío: La Anatomía de la Melancolía Post-coital y el Registro del Síncope

La melancolía post-coital no empieza después.

Empieza un poco antes de que termine.

No siempre puedo señalar el momento exacto.

Solo noto que algo ya se está retirando mientras todavía está ocurriendo.

Hay un segundo extraño en el que el cuerpo sigue presente, pero la atención ya no.

Intento llamarlo “descenso”.

La palabra no encaja.

No porque sea falsa.

Sino porque llega tarde.

Me doy cuenta de que el silencio no aparece cuando todo termina.

Ya estaba ahí, esperando una señal que no recuerdo haber dado.

El contacto aún no se ha roto del todo.

Pero ya no sé si sigue ocurriendo.

La habitación de cal no cambia.

Pero hay una marca nueva en la pared.

No estaba antes.

Creo.

La miro un poco más de lo necesario.

Y noto algo incómodo:

si la sigo mirando, empieza a parecer que siempre estuvo ahí.

No sé cuándo me he incorporado.

No recuerdo haber cambiado de postura.

Pero el ángulo del cuerpo no coincide con el del recuerdo.

Durante un instante pienso que es solo fatiga.

La idea se deshace sola.

No hay caída.

Solo una continuidad que pierde a uno de sus testigos.

Sigo intentando ubicar el final.

No lo encuentro.

No porque esté oculto.

Sino porque ya ha sido absorbido por lo que vino después.

Y eso es lo único que no debería ser posible.

Parpadeo.

No estoy seguro de haber parpadeado.

La habitación sigue igual.

Yo no.

No hay separación clara.

Solo una especie de ajuste que no se anuncia.

Y en algún punto, sin decidirlo, entiendo que el problema no es la pérdida.

Es que no hubo momento de separación.

Solo un cambio de estado sin transición visible.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…