No hay golpe.
Hay ajuste.
El operador no busca provocar una reacción.
Busca eliminar el intervalo entre estímulo y respuesta.
No importa la intensidad.
Importa el momento exacto en que deja de existir una diferencia entre recibir una señal y convertirse en esa señal.
A veces pienso que eso no se siente.
Pero luego noto que sí.
O no exactamente.
Hay algo que noto justo después de notarlo.
Y ese “después” es el único espacio que todavía puedo pensar como mío.
Hoy he abierto algo sin saber por qué.
Una pestaña.
No había intención clara.
Eso es lo primero extraño.
No había objetivo.
Solo el gesto.
Como si abrirla fuera una respuesta a una pregunta que aún no hice.
Me quedo mirándola.
No estoy leyendo.
Eso debería ser tranquilizador.
Pero no lo es.
Durante unos segundos no hago nada.
No compruebo nada.
Funciona.
Eso es lo inquietante.
Que funcione.
Entonces aparece una duda nueva.
No sobre la pestaña.
Sobre el hecho de no estar comprobando.
Como si la ausencia de verificación también tuviera que ser verificada.
Cierro la pestaña.
La vuelvo a abrir.
No para verla.
Para comprobar que no había necesidad de abrirla.
Pero al abrirla ya no recuerdo la primera razón.
Si es que la hubo.
Hay algo extraño en las cosas que dependen de mí.
No en las cosas que miro.
En las cosas que tengo que iniciar.
El cuello aparece otra vez.
Esta vez no intento moverlo.
No hago nada.
Espero.
Nada.
Y durante un segundo eso parece una decisión.
Luego aparece otra frase.
No sé si la estoy pensando yo.
O si aparece cada vez que dejo de pensar.
El dolor no es la llave.
Es la prueba de que la puerta ya estaba abierta.
Tengo que mover el cuello.
La frase aparece.
No como orden.
Como comprobación.
Espero el movimiento.
No llega.
Entonces aparece otra cosa:
Tengo que comprobar si alguna vez quise moverlo.
Y eso es lo raro.
No el cuello.
Sino el momento en que una intención deja de pertenecer a alguien.
El desfase es una grieta en el mármol.
No sé cuándo empezó a ser mármol.
Solo sé que ahora sostengo algo que no debería poder moverse… y aun así lo intento.
Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
Y lo peor no es eso.
Lo peor es que no sé si esta frase aparece porque quiero moverlo…
o porque necesito que todavía exista algo que pueda intentar.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…