La Geodesia del Espasmo Rígido: Crónica de la Pluma, el Reflejo y la Cal sobre el Eje del Soporte

La pluma vuelve a pasar.

Luego otra vez.

Luego otra.

No duele. Tampoco es exactamente agradable. Lo que ocurre es más extraño: partes enteras del cuerpo comienzan a perder jerarquía mientras otras adquieren una importancia absurda.

Un centímetro de piel se convierte en un acontecimiento.

El resto del organismo espera.

Llega un momento en que dejo de percibir la experiencia como una sucesión de estímulos. Empieza a parecer un lugar.

Estoy dentro de ella igual que estoy dentro de una habitación.

El roce continúa.

Y algo curioso ocurre: durante unos segundos creo que la pluma está utilizando siempre el mismo recorrido.

Sé que no es verdad.

O quizá sí.

No consigo comprobarlo.

Entonces aparece una risa involuntaria.

Después otra.

Después una contracción que ya no parece una reacción sino un reflejo automático del sistema.

Es una frase torpe, pero es la más exacta que encuentro: siento que el cuerpo empieza a llegar antes que yo.

Como si ciertas respuestas hubieran decidido continuar sin esperar mi permiso.

Llega un momento en que dejo de contar el tiempo.

No porque desaparezca.

Porque cambia de forma.

La pluma vuelve a rozar el mismo lugar —o creo que es el mismo lugar— y, de repente, lo único que parece avanzar es el movimiento irregular de mi respiración.

Mi atención ya no se comporta de manera razonable.

Una parte de mí sigue pendiente del siguiente roce.

Otra se queda atrapada en el pequeño ruido que hace una tubería al enfriarse dentro de la pared.

El sonido aparece.

Desaparece.

Vuelve varios minutos después.

Nunca coincide con nada.

Y precisamente por eso resulta imposible ignorarlo.

La sensación más extraña no es la risa.

Ni los espasmos.

Ni siquiera el agotamiento.

Es descubrir que empiezo a reconocer detalles que hace un rato no existían.

Una costura en una manga.

Una sombra torcida bajo una silla.

Una mota de polvo suspendida cerca de una lámpara.

Durante un instante parece moverse.

Quizá no.

Cuando intento comprobarlo ya estoy prestando atención a otra cosa.

Eso es lo que cambia.

No siento que me estén obligando a permanecer en un único lugar.

Siento que todo lo demás pierde peso.

El mundo sigue ocurriendo.

La tubería sigue sonando.

El vaso sigue sobre la mesa.

Alguien cerró una puerta en otra parte de la casa hace varios minutos.

Pero esas cosas empiezan a girar lentamente alrededor de un único centro.

O quizá no.

Ya no estoy completamente seguro.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…