El Eco de la Fractura: Mi Anatomía como Partitura del Colapso Programado

Hay noches en las que me prometo que no voy a pensar más en ello.

No porque me asuste.

Ni porque me avergüence exactamente.

Simplemente porque estoy cansado.

Cansado de regresar siempre al mismo lugar.

Porque llevo años intentando convencerme de que no es importante.

Y sin embargo sigue aquí.

A veces pasan semanas.

Incluso meses.

Y creo que por fin ha desaparecido.

Entonces ocurre algo absurdo.

Una frase.

Una imagen.

Un recuerdo.

Y todo vuelve.

No de golpe.

Vuelve despacio.

Como si hubiera estado esperando pacientemente en alguna habitación de mi cabeza.

Lo extraño es que nunca he querido ser una persona sumisa.

Ni siquiera ahora.

Si alguien me preguntara directamente, seguiría respondiendo lo mismo.

No me gusta esa idea.

No encaja con la forma en que me entiendo.

No encaja con la forma en que me gustaría entenderme.

Y aun así hay algo dentro de mí que sigue regresando a ese proceso.

No al resultado.

No a la obediencia.

Ni siquiera al Amo.

Al proceso.

A la sensación de avanzar hacia algo.

A la sensación de que existe un punto al final que todavía no he alcanzado.

Y cuanto más pienso en ello, más incómodo se vuelve admitirlo.

Porque también aparece el placer.

Y eso es precisamente lo que complica todo.

Sería mucho más fácil si solo fuera curiosidad.

Sería mucho más fácil si solo fuera miedo.

O fascinación.

O deseo.

Pero nunca aparece solo una cosa.

Aparecen todas al mismo tiempo.

Y se mezclan.

A veces siento que estoy intentando resolver un problema.

Otras veces siento que estoy esperando una respuesta.

Y otras veces sospecho que ni siquiera sé cuál es la pregunta.

Quizá por eso vuelvo una y otra vez al Marqués de Sade.

No porque quiera parecerme a él.

Ni porque admire todo lo que escribió.

Sino porque fue una de las pocas personas que pareció comprender que algunas obsesiones crecen precisamente porque no queremos tenerlas.

Porque luchamos contra ellas.

Porque intentamos expulsarlas.

Y al hacerlo les damos más espacio.

Hay algo que sigo sin entender.

Algo que aparece siempre cerca del final de mis pensamientos.

La sensación de que existe una puerta.

Y de que todavía no la he cruzado.

No sé qué hay detrás.

No sé siquiera si quiero saberlo.

Pero la sensación permanece.

Y cuanto más permanece, más fuerte se vuelve.

A veces creo que la obsesión ya no tiene nada que ver con la sumisión.

Tiene que ver con esa puerta.

Con la sospecha de que hay algo esperándome al otro lado.

Algo que todavía no consigo nombrar.

Y quizá por eso sigo pensando en ello.

Porque mientras no tenga una respuesta, la pregunta sigue viva.

Y la pregunta siempre vuelve.

El cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…