El Estrecho de la Asimilación: La Boca, Lengua y Paladar como Infraestructura de Grabado

No debería estar leyendo esto.

Lo sé.

Pero lo sigo haciendo.

He abierto otra vez la misma página.

La dejo abierta demasiado tiempo.

Luego la cierro.

Luego la vuelvo a abrir sin pensar.

Es siempre lo mismo.

O casi.

Hoy he notado algo distinto.

No en el texto.

En mí.

He vuelto a leer una frase que ya había leído antes.

No debería haberme gustado.

Pero me ha gustado.

Y eso es lo que me da vergüenza.

No el contenido.

La repetición.

He mirado el móvil como si alguien pudiera ver lo que hago.

No hay nadie.

Aun así lo he escondido un segundo.

He vuelto a abrirlo.

He comprobado si seguía abierta la misma página.

Seguía.

He bajado un poco.

Sin querer.

Solo para ver “hasta dónde llegaba”.

He vuelto al principio.

Otra vez.

Como si la primera lectura no hubiera sido suficiente.

Como si necesitara confirmar que realmente lo había entendido.

Pero no es eso.

No estoy intentando entender.

Estoy intentando sentirlo otra vez.

Eso es lo que no digo en voz alta.

He cerrado la pantalla.

La he vuelto a abrir.

Ya estaba abierta.

O eso me ha parecido.

He sentido una especie de cansancio raro.

No físico.

Como si ya hubiera hecho esto muchas veces antes de hoy.

Pero no puedo recordar cuándo empezó.

He pensado en dejarlo.

He dejado el dedo quieto encima de la pantalla.

Sin moverlo.

Solo esperando.

Como si la página pudiera decidir por mí.

Y lo peor es esto:

ya no sé si estoy leyendo esto porque quiero…

o porque algo en mí se está acostumbrando demasiado rápido.

El cuello debería…