El Pulso del Alabastro: Neumática de la Inmovilidad y el Trance Mineral

Anoche apenas dormí.

No porque estuviera nervioso.

Ni porque tuviera miedo.

Ni siquiera porque estuviera excitado.

Fue algo peor.

Me quedé despierto intentando entender.

No me gusta ser sumiso.

La frase sigue pareciéndome cierta.

Cuando la digo, la creo.

Cuando la pienso, la creo.

Cuando la repito una y otra vez mirando el techo en mitad de la noche, sigue pareciéndome cierta.

No me gusta ser sumiso.

Entonces aparece el problema.

Porque cuanto más cierta parece esa frase, menos entiendo todo lo demás.

Menos entiendo las horas.

Menos entiendo la espera.

Menos entiendo por qué sigo regresando allí.

Intento reconstruir la sesión como si fuera una investigación.

Como si hubiera algún detalle que se me hubiera escapado.

Algo que explicara todo.

Pero cada reconstrucción produce el efecto contrario.

No aclara nada.

Solo aumenta la obsesión.

Regreso a los primeros golpes.

No recuerdo cuál fue más fuerte.

No recuerdo la intensidad exacta.

No podría reproducirla.

Pero recuerdo perfectamente los intervalos.

Los cuatro primeros.

La distancia entre ellos.

La pausa.

La siguiente pausa.

La respiración del Amo.

La forma en que el aire entraba y salía de sus pulmones.

La manera en que aquel ritmo parecía organizar todo lo demás.

Yo permanecía inmóvil.

Ya ajustado.

Ya colocado exactamente donde debía estar.

No tenía ninguna tarea.

No tenía ninguna decisión.

No tenía ninguna función.

Solo esperar.

Y cuanto más intento analizar ese recuerdo, más insoportable se vuelve una pregunta.

¿Por qué lo recuerdo mejor que cosas mucho más importantes?

No recuerdo conversaciones enteras de la semana pasada.

No recuerdo qué comí hace tres días.

No recuerdo muchas cosas que deberían importar.

Pero recuerdo aquella respiración.

Recuerdo el intervalo entre los cuatro primeros golpes.

Recuerdo la sensación de esperar el siguiente.

Recuerdo la inmovilidad.

Recuerdo la espera.

Y eso me resulta profundamente deprimente.

Porque no parece una elección.

A veces me digo que todo esto desaparecerá.

Que dejaré de pensarlo.

Que la distancia hará su trabajo.

Pero ocurre lo contrario.

Cada día añade definición.

Cada día elimina ruido.

Cada día deja menos cosas.

Hasta que a veces tengo la sensación de que mi memoria está realizando una selección.

Descartando fragmentos completos de mi vida.

Conservando únicamente aquello.

La respiración.

La espera.

La inmovilidad.

La sensación de estar completamente ajustado.

Y entonces aparece el pensamiento que más intento evitar.

Quizá no estoy intentando entender la sesión.

Quizá llevo semanas intentando volver.

Y llamo comprensión a algo que en realidad es nostalgia.

Eso explicaría muchas cosas.

Explicaría por qué ninguna respuesta parece suficiente.

Explicaría por qué cada análisis termina exactamente en el mismo lugar.

Explicaría por qué sigo despierto.

Mirando el techo.

Repitiendo que no me gusta ser sumiso.

Mientras una parte de mí continúa escuchando una respiración que ya no está allí.

Esperando unos golpes que ya terminaron.

Esperando dentro de una habitación que ya ha desaparecido.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…