La Economía del Límite: La Saturación como Plenitud Técnica en el Mecanismo de Fijeza

Al principio parecía una curiosidad normal.

Leía un poco.

Veía un vídeo.

Cerraba la pestaña.

Y seguía con mi día.

Al menos eso es lo que recuerdo.

Lo extraño es que ahora no puedo señalar el momento exacto en que dejó de ser algo que veía de vez en cuando y empezó a ocupar espacio cuando no estaba mirando.

No pasó de golpe.

No hubo una decisión.

Solo empecé a notar que volvía.

La pestaña

Una noche abrí algo que ya había visto.

No porque hubiera olvidado el contenido.

Precisamente porque lo recordaba.

Quería comprobar algo.

No sé qué.

Lo vi otra vez.

Después otra.

Después otra.

Cuando cerré el ordenador me sentí ridículo.

No por lo que había visto.

Por el tiempo que había pasado comprobándolo.

La prueba

Durante varios días me repetí que seguía siendo simple curiosidad.

La palabra me tranquilizaba.

Curiosidad.

Suena pequeña.

Inofensiva.

Temporal.

Pero empecé a notar algo incómodo.

Cada vez que encontraba una respuesta aparecía otra pregunta.

Y la pregunta nueva era siempre más interesante que la respuesta anterior.

La pantalla

Una noche cerré el portátil.

Me levanté.

Llegué hasta la puerta.

Volví.

Lo abrí otra vez.

No porque hubiera olvidado algo.

Porque quería revisar una frase.

Solo una frase.

Cuando terminé de leerla no sentí alivio.

Sentí ganas de seguir buscando.

Y eso fue mucho peor.

El cambio

Creo que la excitación fue cambiando antes de que me diera cuenta.

Al principio era directa.

Fácil de reconocer.

Después se mezcló con otra cosa.

Con anticipación.

Con curiosidad.

Con una necesidad rara de entender.

No entendía por qué seguía leyendo.

Y seguía leyendo para entender por qué seguía leyendo.

La vergüenza

Hay algo que todavía me cuesta admitir.

A veces no abría nada nuevo.

Volvía a lo mismo.

Leía las mismas conversaciones.

Las mismas explicaciones.

Las mismas experiencias.

Como si estuviera buscando una frase concreta.

Una frase que justificara todo lo demás.

Nunca aparecía.

Y aun así volvía.

El cuello

Hace unas semanas pensé algo extraño.

Tengo que mover el cuello.

Lo moví.

Normal.

Pero la frase volvió.

Tengo que mover el cuello.

Entonces apareció una duda distinta.

No si podía moverlo.

Sino por qué había aparecido la frase.

Y por qué me había parecido importante.

Lo que realmente me preocupa

Durante mucho tiempo pensé que estaba intentando entender la dominación.

Ahora no estoy seguro.

A veces creo que estoy intentando encontrar el momento exacto en que empecé a necesitar entenderla.

Y empiezo a sospechar que seguir buscándolo es precisamente lo que mantiene abierta la búsqueda.

Tengo que mover el cuello no hay cuello…