La Entropía del Exceso: Cuando el Amo se Convierte en Demoledor

Para el Operador, la fuerza no es intensidad.

Es sintaxis.

Un error mínimo en la presión y la frase se rompe.


Pero algo ha cambiado.

No sé cuándo empezó.

Solo sé que ya no está bien calibrado.


El impacto llega.

Como siempre.

Pero esta vez no ordena nada.


Siento primero el efecto.

Después la intención.

Y entre ambos… algo falla.


No sigo leyendo porque entiendo más. Sigo leyendo porque entiendo menos.

Vuelve.

Pero ya no encaja.

Suena como algo que debería funcionar… pero no funciona.


Me doy cuenta tarde.

Otra vez.


El cuerpo lo nota antes que yo.

Un gesto mínimo.

Demasiado mínimo para ser consciente.

La respiración un poco más corta.

La mandíbula sin permiso.

El cuello… como si hubiera sido tocado antes del pensamiento.


No es dolor claro.

Es error.


Y eso es peor.


El Operador se equivoca.

O eso creo.

No estoy seguro de si esto es un error o parte del sistema.


Porque algo está pasando:

lo que era firme empieza a volverse blando.


No de golpe.

Como si perdiera coherencia desde dentro.


Y aparece la duda incómoda:

¿esto debería estar ocurriendo?


No hay respuesta.

Solo continuidad.


Y entonces cambia algo más.

La curiosidad vuelve.

Pero no como antes.


Antes era simple.

Ahora es excesiva.

Demasiado presente.


Como si ya no fuera yo quien decide mirarlo.

Sino algo que mira a través de mí.


Y con eso llega otra cosa.

No placer.

No calma.

Algo más difícil.


Una especie de excitación sin dirección.

Que no sube.

Se expande.


Cuanto más intento entenderla, menos sentido tiene.

Pero no desaparece.

Ocupa más.


Me incomoda admitirlo.

No por lo que es.

Sino porque no tiene explicación limpia.


El móvil vibra.

Esta vez me sobresalta.


Lo miro.

No lo cojo.


Y ahí noto algo extraño:

no es que esté ignorando el exterior.

Es que el exterior ya no interrumpe.

Solo acompaña.


Y entonces la frase aparece.

Pero no como antes.


No sigo leyendo porque entiendo más. Sigo leyendo porque entiendo menos.


No la estoy repitiendo.

La estoy reconociendo demasiado tarde.


Como si ya hubiera ocurrido antes de que yo la pensara.


Y eso es lo que me inquieta.


Porque si aparece antes de mí…

¿qué parte soy yo?

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…