No sé en qué momento la pantalla empezó a comportarse como si tuviera memoria.
No es una memoria real.
Lo sé.
Pero aun así… aparece.
A veces abro el mismo lugar dos veces seguidas.
Y la segunda vez no es igual.
No en contenido.
En sensación.
Como si algo hubiera cambiado entre una apertura y otra, aunque sé que no hice nada.
O eso creo.
Al principio pensé que era un fallo.
Un retraso.
Una carga lenta.
Algo técnico.
Me tranquilizaba esa explicación.
Porque hacía que todo siguiera siendo normal.
Pero ahora ya no estoy tan seguro de que sea eso.
Hay momentos en los que estoy seguro de haber hecho algo.
Cerrar algo.
Abrir otra cosa.
Moverme.
Y luego la pantalla muestra una secuencia que no coincide del todo.
No es diferente de forma evidente.
Es peor.
Es casi igual.
Demasiado igual.
Como si hubiera sido reconstruida a partir de mi intención… pero sin mí.
Me pasa algo incómodo.
Empiezo a dudar de lo que acabo de hacer hace segundos.
No horas.
Segundos.
Y eso no es confusión.
Es otra cosa.
Es una pérdida muy pequeña.
Pero constante.
Lo más extraño no es la pantalla.
Soy yo mirándola otra vez.
Eso es lo que no encaja.
Porque siempre vuelvo con la sensación de que esta vez sí voy a comprobar algo importante.
Y nunca es importante.
Pero igual vuelvo.
Hay un punto que no consigo fijar.
El instante exacto en el que decido volver a mirar.
No lo veo.
No lo recuerdo.
Solo aparece después.
Cuando ya estoy dentro otra vez.
Y empiezo a notar algo peor.
No es que la pantalla cambie.
Es que yo empiezo a no recordar cuál era la versión anterior.
Y entonces ambas se vuelven igual de reales.
O ninguna lo es.
A veces intento convencerme de que es imaginación.
Que estoy exagerando.
Que no pasa nada.
Y durante un rato funciona.
Pero luego vuelvo a mirar.
Solo para asegurarme.
Y esa palabra es la que más me incomoda.
Asegurarme.
Porque nunca estoy seguro de qué estoy asegurando.
Hay un detalle que no debería importarme.
Pero empieza a hacerlo.
Cuando cierro la pantalla, no siempre recuerdo haberla cerrado.
A veces la encuentro cerrada.
Y no sé si fui yo.
O si ya estaba así.
Y lo peor no es la duda.
Es que la duda no se va.
Solo se acumula.
El cuello no lo estoy moviendo debería…