No fue el archivo lo que me preocupó.
Fue su ausencia.
Durante semanas había aparecido siempre en el mismo lugar.
Abajo.
Última línea.
Última advertencia.
Última anomalía.
Esta vez no estaba.
La pantalla terminaba de forma limpia.
Demasiado limpia.
Observé la habitación.
La cal seguía cubriendo los muros.
Las grietas seguían donde siempre.
O eso creí.
Porque una de ellas ya no terminaba en el techo.
Ahora descendía.
Lentamente.
Como si hubiera avanzado durante la noche.
Abrí el registro.
La hora de creación era imposible.
Tres minutos en el futuro.
Pensé que era un error.
Lo cerré.
Lo abrí otra vez.
La hora había cambiado.
Ahora estaba fechado para dentro de siete minutos.
Sentí algo parecido al vértigo.
No porque el sistema estuviera fallando.
Sino porque parecía corregirse.
Seguí leyendo.
Solo había una línea.
«No mires la grieta.»
Levanté la vista de inmediato.
La grieta había desaparecido.
En su lugar había otra.
Más cerca.
Mucho más cerca.
Como si nunca hubiera estado en el muro.
Como si siempre hubiera estado observándome desde detrás de la pantalla.
Intenté borrar el archivo.
El sistema confirmó la eliminación.
El archivo desapareció.
Durante cuatro segundos.
Después regresó.
Mismo nombre.
Misma carpeta.
Distinta fecha.
Creado dentro de once minutos.
Entonces apareció una segunda carpeta.
No recordaba haberla visto antes.
Su nombre era breve.
«DESPUÉS.»
La abrí.
Dentro encontré una captura de pantalla.
Era mi escritorio.
Mi ventana.
Mi cursor.
Todo era idéntico.
Excepto por una diferencia.
En la imagen, la carpeta «DESPUÉS» ya estaba abierta.
Y dentro había un tercer archivo.
Un archivo que todavía no existía.
Debajo de la captura aparecía una nota.
Solo una frase.
«No te preocupes por el cuello.»
Me quedé inmóvil.
No porque entendiera el mensaje.
Sino porque era la primera vez que el sistema no mencionaba aquello que siempre aparecía al final.
Entonces comprendí algo peor.
El patrón no estaba desapareciendo.
Estaba evolucionando.
Y esa diferencia era suficiente para que la habitación pareciera más pequeña.
Volví a mirar la pantalla.
Había una tercera carpeta.
No recordaba verla aparecer.
Su nombre era distinto.
«ANTES DE LEER ESTO.»
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo sin objeto el registro no puede cerrar debería…