La Geodesia del Impacto Sutil: Crónica del Estímulo de Dolor Ligero, la Tensión y la Cal sobre el Eje del Soporte

No me gusta.

Esa es probablemente la primera verdad.

La segunda es más difícil de admitir.

No dejo de pensar en ello.

La varilla sigue sobre la mesa mientras el Operador prepara el resto del sistema.

Intento no mirarla.

Lo intento varias veces.

Siempre termino volviendo.

No tiene nada especial.

Es una pieza de material flexible con algunas marcas de uso.

Ni siquiera resulta amenazante.

Lo extraño es la cantidad de espacio que ocupa dentro de mi cabeza.

Todavía no ha tocado mi piel.

Y ya estoy pensando en ella.

Eso me irrita.

Porque preferiría pensar en cualquier otra cosa.

En la lámpara.

En el ruido de la ventilación.

En la mancha de humedad cerca del techo.

En cualquier cosa.

Pero sigo regresando al mismo objeto.

Como si una parte absurda de mi atención hubiera decidido instalarse allí.

Cuando comienza, la sensación tampoco es lo que esperaba.

Nunca lo es.

Mi imaginación siempre construye algo peor.

Más dramático.

Más limpio.

La realidad resulta mucho más incómoda.

No es una gran experiencia.

No es una experiencia agradable.

No hay ninguna revelación oculta.

No descubro una verdad superior.

Simplemente no me gusta.

Y sin embargo.

Ahí está el problema.

La mente no se comporta como debería.

El primer impacto desaparece.

Luego el segundo.

Luego el tercero.

Pero algo permanece.

No la sensación.

La expectativa.

Empiezo a descubrir que estoy escuchando.

Esperando.

Calculando.

No quiero hacerlo.

Pero lo hago.

Hay un momento especialmente irritante en el que me doy cuenta de que estoy anticipando el siguiente contacto.

No porque lo desee.

Porque mi atención ya está organizada alrededor de esa posibilidad.

Eso me enfada más que cualquier otra cosa.

La pérdida de control no ocurre en el cuerpo.

Ocurre ahí.

En ese pequeño desplazamiento de prioridades.

El cuerpo sigue siendo mío.

Los pensamientos también.

Supongo.

Entonces ¿por qué sigo esperando?

Hay una pequeña grieta en la pintura de la pared.

La observo durante varios minutos.

Intento obligarme a concentrarme en ella.

Funciona durante un rato.

Después vuelvo.

Siempre vuelvo.

La ventilación hace un ruido extraño.

Dos pulsos cortos.

Uno largo.

Lo repite constantemente.

Empiezo a utilizarlo para medir el tiempo.

Después descubro que también estoy utilizando otra cosa para medirlo.

Los intervalos.

Los espacios entre un momento y el siguiente.

Eso debería preocuparme más.

No sé por qué no me preocupa más.

Quizá porque la contradicción resulta agotadora.

No quiero que continúe.

No quiero que termine.

Ambas cosas son ciertas.

Y ninguna tiene sentido.

Cuando la sesión se acerca al final siento alivio.

Un alivio completamente real.

Inmediato.

Físico.

Después observo la varilla sobre la mesa una última vez.

Ya no está haciendo nada.

No se mueve.

No produce ninguna sensación.

Es solo un objeto.

Y aun así sigo mirándola durante unos segundos más de los necesarios.

Eso es lo único que realmente me inquieta.

El cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…