Dentro hay una nota breve.
“Todavía no has empezado.”
La cierro rápido.
No sé por qué me incomoda tanto.
En el mecanismo de la iniciación a la entrega, el cuerpo no reacciona al impacto, sino a la idea del impacto. La lectura se convierte en una forma de contacto anticipado. No hay contacto físico aún, pero ya hay respuesta.
Sigo leyendo.
Otra nota aparece en la pantalla.
No estaba antes.
“Has leído esto más veces de las que recuerdas.”
Me quedo quieto.
No debería ser posible.
Vuelvo atrás.
La página no cambia.
Es la misma.
Pero una línea nueva ha aparecido debajo del párrafo que acabo de leer.
“Te estás imaginando que eres el lector.”
No sé cuándo empiezo a notar el cuerpo.
Solo sé que lo noto más.
Una fotografía se carga sola en otra carpeta abierta.
Es una sala similar a la que estaba leyendo.
Una silla.
Una luz fija.
Nada más.
La fecha del archivo es de dentro de dos días.
Cierro el portátil.
Cuando lo vuelvo a abrir, la carpeta ya no se llama igual.
Ahora dice: “Primera sesión: todavía no has aceptado”.
No recuerdo haber aceptado nada.
Pero tampoco recuerdo haber rechazado.
Siento algo extraño.
No es miedo.
Es atención.
Como si algo estuviera empezando a fijarse en mí desde dentro.
Sigo leyendo sobre prácticas de dominación y sumisión.
Y cuanto más leo, más aparecen pequeñas contradicciones en el texto.
Frases que no estaban antes.
Ejemplos demasiado personales.
Referencias a sensaciones que todavía no he tenido.
Y sin embargo, las reconozco.
Como si ya hubieran ocurrido.
Solo que no en el orden correcto.
Una nueva nota aparece.
“Esto no es información. Es entrenamiento de percepción.”
La borro.
Pero la pantalla la reconstruye.
Más abajo aparece otra línea:
“Borrarla también es parte del ejercicio.”
Me detengo.
Me doy cuenta de algo incómodo.
Estoy más atento a lo que siento que a lo que leo.
Y eso me excita un poco.
No debería.
O tal vez sí.
La duda no es sobre el texto.
Es sobre mí leyendo el texto.
Siguiente carpeta.
“Registro de primeras reacciones.”
Está vacía.
Hasta que la miro.
Entonces aparece una sola línea.
“Ya has empezado.”
El cuello no lo estoy moviendo debería…