El Manantial de la Grieta: Mi Identidad como Humedad Inextinguible

No debería escribir esto.

Cada vez que lo intento explicar suena más falso de lo que se siente.

No es curiosidad ya.

O sí… pero no la misma.

Hay algo que empezó como una lectura rápida, casi sin importancia, y ahora ocupa espacio incluso cuando no lo estoy mirando.

Lo peor es eso.

Que no necesito estar delante para que siga.

A veces abro la pantalla sin intención clara.

Solo el gesto.

Solo la mano.

Como si el cuerpo decidiera antes que yo.

Y luego me doy cuenta de que ya estoy ahí.

Otra vez.

No sé en qué momento se volvió repetición.

No hay un “antes”.

Solo el retorno.

Me da vergüenza admitirlo, pero hay momentos en los que siento alivio cuando todo aparece igual.

La misma estructura.

Las mismas palabras.

Como si algo dentro de mí necesitara confirmar que no se ha roto nada.

Aunque sé que eso no tiene sentido.

O lo tiene demasiado.

No lo sigo leyendo porque entiendo más.

Lo sigo leyendo porque entiendo menos.

Y eso es lo que no debería escribir.

Pero lo escribo igual.

Porque si no lo hago, vuelve de todas formas.

Más tarde.

En silencio.

Sin permiso.

A veces cierro la pestaña demasiado rápido.

Como si eso cambiara algo.

Cinco minutos después ya la estoy abriendo otra vez.

Sin recordar por qué la cerré.

O fingiendo que no lo recuerdo.

No sé cuál de las dos cosas es peor.

Hay un detalle que me molesta más que todo lo demás.

El instante exacto en el que dejo de decidir.

No lo veo.

No lo registro.

Solo aparezco después.

Sentado.

Mirando.

Con la pantalla encendida.

Como si siempre hubiera estado ahí.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…