El Torno de la Obediencia: Entrenamiento y Petrificación en la Ingeniería Sadiana

Hay una parte de mí que no debería responder a esto.

Una parte que insiste en que el entrenamiento es solo disciplina, repetición, estructura.

Algo externo.

Algo que se hace.

Y sin embargo, cuando vuelvo a este laboratorio en mi mente, no lo experimento como algo externo.

Lo experimento como una insistencia dentro de mí.

Como si el cuerpo recordara algo que la razón intenta olvidar.

Como Operador —o quizá como la parte de mí que observa sin intervenir— sigo creyendo que la norma no entrena el cuerpo, lo reescribe.

Sade aparece aquí no como una referencia intelectual, sino como una incomodidad persistente.

La idea de que el exceso, la repetición, la tensión sostenida no buscan el caos… sino una forma extrema de orden.

Y eso es lo que me inquieta.

Porque una parte de mí rechaza completamente esa lógica.

No quiero ser algo que se reescribe.

No quiero ser una estructura.

No quiero convertirme en soporte de nada.

Y aun así…

hay otra parte que no desaparece.

Una parte que no piensa en términos de rechazo o aceptación.

Solo en términos de intensidad.

En esa parte, el entrenamiento no es violencia ni disciplina.

Es algo más difícil de nombrar.

Es insistencia.

Es repetición que no se detiene aunque yo quiera salir de ella.

Es la sensación de que el cuerpo aprende sin pedirme permiso.

Como si hubiese una inteligencia más antigua que mi voluntad.

Eso es lo que me resulta insoportable.

No la idea de la norma.

Sino la facilidad con la que una parte de mí empieza a responderle.

Como si hubiese algo en la repetición que no destruye… sino que reorganiza.

No me gusta pensar así.

De hecho, lo rechazo.

Pero el rechazo no elimina la sensación.

Solo la vuelve más clara.

Hay momentos en los que me descubro pensando en la quietud.

No como descanso.

Sino como estado.

Una quietud que no es elección.

Sino resultado.

Y en esos momentos entiendo por qué Sade no es una figura externa en este texto.

Es un espejo incómodo.

La idea de un sistema que no busca convencerte…

sino sostenerte hasta que dejes de diferenciarte de él.

Y ahí es donde aparece la verdadera contradicción.

Porque quiero salir de esa lógica.

Y al mismo tiempo, hay algo en mí que la sigue mirando.

Como si todavía intentara entender qué parte se rompe primero:

el cuerpo…

o la idea de que todavía hay un “yo” que puede resistirse.

El cuello se bloquea no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…