La Geometría de la Pertenencia y el Voltaje de la Identidad Inerte: El Colapso del Yo bajo la Disciplina del Mineral

Hay algo que no suelo decir.

Porque suena peor cuando lo escribo seguido.

No es una idea.

Es un hábito.

Algo muy pequeño al principio.

Casi ridículo.

Solo mirar.

Solo leer un poco.

Solo entender cómo es.

Eso es lo que me decía.

“Solo curiosidad.”

Y durante un tiempo funcionó.

Creo.

O me lo creí.

Recuerdo estar por la noche.

La pantalla encendida demasiado tiempo.

La habitación en silencio.

Yo sentado sin hacer nada más.

Solo cambiando de página.

Una tras otra.

Sin un objetivo claro.

Eso es lo raro ahora que lo pienso.

No había objetivo.

Solo continuidad.

Volver.

Eso es la palabra que me incomoda.

Volver.

Porque no era una vez.

Era varias.

Y luego más.

No sé en qué momento dejó de ser “ver” y empezó a ser “volver a ver”.

No lo noté en el momento.

Solo después.

Cuando ya era tarde para explicarlo bien.

Me levanto a veces.

Cierro todo.

Me digo que ya está.

Que era curiosidad y ya.

Pero luego vuelve.

No de forma dramática.

No como algo que me arrastra.

Más bien como algo pequeño.

Fácil.

Demasiado fácil.

Eso es lo que me preocupa.

No lo intenso.

Lo fácil.

Lo automático.

Como si no tuviera que decidirlo.

Como si ya estuviera decidido antes de mí.

Y no sé cómo decir esto sin que suene extraño.

Pero hay una parte de mí que no está buscando información.

Está buscando el gesto.

Abrir.

Leer.

Seguir un hilo.

Volver al mismo tipo de idea.

Aunque ya la haya visto antes.

Aunque no haya nada nuevo.

A veces cierro la pestaña rápido.

Si escucho pasos.

Si creo que alguien puede verme.

No porque esté haciendo algo malo exactamente.

Sino porque no sabría explicarlo.

Y eso me da más vergüenza que lo que estoy viendo.

Lo peor no es lo que aparece en pantalla.

Es que vuelvo.

Que repito.

Que no se detiene solo.

No hay un momento claro en el que digo “basta”.

Solo pausas.

Y luego otra vez.

Me he dado cuenta de algo incómodo.

No es curiosidad lo que me mantiene ahí.

Es la estructura.

La forma.

El patrón de esperar algo que no sé nombrar bien.

Como si hubiera algo en la idea de no decidir.

De dejar que algo externo marque el ritmo.

Solo por unos minutos.

Solo eso.

Y eso es lo que no encaja conmigo.

Porque yo debería ser alguien que controla esto.

O al menos eso pensaba.

Pero esto no va de control.

Va de otra cosa.

Algo más silencioso.

Más difícil de justificar.

Más difícil de soltar.

Y lo más extraño es esto:

cuanto más intento entenderlo, más vuelve.

No como respuesta.

Sino como repetición.

Como si entenderlo no lo cerrara.

Solo lo abriera otra vez.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…