Hay una cosa ridícula que no le he contado a nadie.
Ni siquiera sé cómo explicarla sin sentirme estúpido.
Porque no tiene sentido.
No ha pasado nada.
Solo estoy leyendo cosas.
Viendo vídeos.
Historias.
Experiencias de otras personas.
Y, sin embargo, cada vez noto más mi propio cuerpo mientras lo hago.
Eso es lo raro.
Antes no pensaba en mi boca.
Nunca.
Era algo que simplemente estaba ahí.
Ahora a veces estoy leyendo algo y me doy cuenta de que llevo varios minutos tragando saliva de forma consciente.
Y en cuanto me doy cuenta, empeora.
Porque entonces ya no puedo dejar de notarlo.
La lengua.
La garganta.
El reflejo de tragar.
Todo.
Es absurdo.
Y me da vergüenza escribirlo.
Pero es verdad.
Hay noches en las que cierro el portátil y me quedo tumbado mirando el techo.
Y sigo pensando.
No en escenas concretas.
Ni siquiera en personas.
Pienso en detalles.
Cosas pequeñas.
Demasiado pequeñas.
La sensación de prestar atención a algo que antes ignoraba completamente.
La sensación de que algo tan simple pueda empezar a ocupar espacio dentro de la cabeza.
Lo que me preocupa no es la excitación.
Eso sería más fácil de entender.
Lo que me preocupa es la curiosidad.
Porque sigue creciendo.
Y no debería.
Cada respuesta genera otra pregunta.
Cada explicación abre otra puerta.
Y cada puerta parece llevar al mismo sitio.
A leer un poco más.
A buscar un poco más.
A pensar un poco más.
Hay momentos en los que me descubro probando cosas absurdas.
Pequeñas tonterías.
Nada importante.
Nada que signifique nada.
Y aun así siento vergüenza cuando me doy cuenta.
Porque nadie me ha pedido hacerlo.
Nadie me está mirando.
Estoy solo.
Y aun así lo hago.
Como si estuviera intentando entender algo desde dentro.
Creo que eso es lo que más me cuesta admitir.
No siento que esté buscando una experiencia.
Siento que estoy intentando resolver un misterio.
Y cuanto más leo, menos lo entiendo.
A veces me digo que voy a parar.
Que ya está.
Que es suficiente.
Que no necesito seguir investigando.
Y durante unas horas funciona.
Hasta que aparece otra vez.
Una frase.
Un recuerdo.
Una imagen.
Algo que leí hace semanas.
Y vuelve esa sensación.
La sensación de que todavía no he llegado al fondo de algo.
Si alguien me preguntara qué estoy buscando, no sabría responder.
De verdad que no.
Porque la respuesta cambia cada semana.
A veces creo que es excitación.
A veces creo que es curiosidad.
A veces creo que es algo emocional.
Y otras veces pienso que simplemente me he acostumbrado a hacerme preguntas que no tienen respuesta.
Lo único que sé es que esto empezó siendo algo pequeño.
Algo que podía cerrar con una pestaña.
Algo que podía ignorar.
Y ahora aparece incluso cuando la pantalla está apagada.
Eso es lo que no entiendo.
Y también lo que no me atrevo a contar.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…