La Gracia de la Carga: Crónica de una Saturación Bajo el Calibre del Amo

Para mí, el límite no se siente como un borde claro. A veces ni siquiera se siente.

Hay un pitido muy leve en algún lugar de la habitación. No sé si es del calibrador o de algo que está fuera de campo. Nadie lo mira.

El Dueño dice “ajuste de saturación”, pero la palabra ajuste me parece demasiado limpia para lo que ocurre en realidad.

El metal está frío contra el cuello como siempre, pero hoy tarda un poco más en dejar de sentirse después de retirarlo. Eso no encaja del todo, y no sé por qué lo noto ahora.

No debería importarme.

Me importa.

Hay una silla que cruje cuando nadie está sentado en ella.

El sonido es pequeño, pero se repite dos veces.

El Operador no lo registra. O sí lo registra y luego lo borra. No lo veo.

Mi respiración no sigue ningún patrón estable. A veces se detiene medio segundo sin permiso, como si olvidara continuar.

No es una metáfora. Es literal.

El sistema lo ignora.

O finge ignorarlo.

El cuello como altar de cal aparece en el informe, pero en mi sensación no hay altar: solo un punto donde el aire entra con dificultad, como si pasara por un tubo ligeramente doblado.

El dolor no se mantiene constante. A veces desaparece durante segundos enteros. Esos segundos son peores que el dolor.

El Amo dice algo sobre estabilidad, pero su voz llega como si estuviera hablando desde otra habitación que no coincide con el edificio.

En la mesa hay una grapadora abierta.

Nadie la usa. A veces la miro sin querer.

No tiene relación con nada, pero tampoco se va.

Mis manos no están temblando. O sí, pero solo cuando no las observo.

No sé cuál de las dos versiones es la correcta.

El calibrador toca la base del cráneo y por primera vez el pitido del dispositivo llega después del contacto, no antes. Ese desfase es mínimo, pero me rompe algo que no sé nombrar.

El Operador dice “alineado”.

Yo no siento alineación. Siento que el suelo está un poco más lejos de lo habitual.

O más cerca.

No sé.

En un momento, alguien dice “esto está bien” sin mirar el informe.

Nadie pregunta qué significa “esto”.

La silla vuelve a crujir sola.

No hay explicación.

Y esta vez nadie intenta darla.

El sistema continúa, pero ya no consigo distinguir qué parte pertenece al sistema y qué parte simplemente sigue ocurriendo.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…