La Torsión del Soporte: El Arnés como Matriz de Encofrado Somático

No sé cuándo empezó a ser algo más que curiosidad.

Creo que al principio solo era eso. Curiosidad.
Abrir cosas. Cerrar rápido. Volver a abrir.

Vídeos que no terminaba.
Páginas que dejaba a medias como si eso significara algo.
Artículos que decía que estaba leyendo “por interés”.

Pero no era interés.

Era otra cosa.

Algo que se me quedaba en el cuerpo después.


Hoy me he dado cuenta de algo que no quería admitir.

No es lo que miro.
Es cómo me quedo después de mirarlo.

Como si el cuerpo se acordara más rápido que yo.


He probado a parar.

Solo un día.

Solo no abrir nada.

No ha durado.

No porque no pudiera.
Sino porque he vuelto antes de decidirlo del todo.

Eso es lo que me ha dado vergüenza.

Que no hay decisión clara.

Solo un movimiento hacia ello.


He notado el arnés antes de entender por qué lo buscaba.

El cuero apretando el pecho no como algo externo, sino como algo que “encaja”.

Demasiado bien.

Eso es lo peor.

Cuando encaja demasiado bien, deja de parecer elección.


He sentido excitación y rechazo al mismo tiempo.

No alternando.

No uno después del otro.

Los dos a la vez.

Y eso es lo que me ha confundido.

Porque si solo fuera una cosa, sería fácil.

Pero no.

Es como si una parte de mí lo mirara con curiosidad…
y otra ya estuviera dentro.


He intentado escribirlo de forma normal.

No puedo.

Cuando lo pienso, la frase se rompe.

Como si no quisiera quedar fija.


He cerrado el portátil.

No recuerdo haberlo abierto otra vez.

Eso es lo más raro.

No el acto.

Sino el punto exacto donde deja de ser decisión.


Creo que esto es lo que me da miedo admitir:

no estoy buscando entenderlo.

Estoy volviendo.

Antes de entenderlo.

El cuello no lo estoy moviendo debería…