El Círculo del Dueño: El Collar como Arquitectura de Propiedad y el Registro de la Asfixia Mineral

Encontré una etiqueta.

Estaba dentro de un cajón que no había abierto en meses.

Pensé que pertenecía a algún objeto olvidado.

Le di la vuelta.

Solo tenía una palabra.


«Propiedad.»


No recordaba haberla guardado.


La dejé sobre la mesa.

Horas después seguía allí.

Lo extraño no fue eso.

Lo extraño fue la sensación de haberla visto muchas veces.


Busqué fotografías antiguas.

No sabía exactamente qué estaba buscando.

A veces ocurre así.

Empiezas revisando una imagen.

Terminas intentando localizar el origen de una inquietud.


En una carpeta encontré varias fotografías de habitaciones vacías.

Paredes.

Mesas.

Puertas cerradas.

Nada más.


O eso pensé.


Al ampliar una de ellas descubrí algo alrededor del cuello de la persona reflejada en un espejo lejano.


Era demasiado pequeño para distinguirlo.


Abrí otra fotografía.

La misma figura.

La misma habitación.

La misma sombra.


El objeto ya no estaba.


Durante casi una hora intenté decidir cuál de las dos imágenes había sido tomada primero.

No pude.


Las fechas se contradecían.


La más antigua parecía más reciente.

La más reciente parecía recordar algo anterior.


Encontré una nota dentro de la carpeta.

Reconocí la letra inmediatamente.

Era mía.


La frase decía:

«Nunca fue el collar.»


Sentí alivio.

Durante unos segundos.


Después encontré una segunda nota.


«Siempre fue el collar.»


Las dos parecían escritas el mismo día.

La misma tinta.

La misma presión.

La misma letra.


Perdí la tarde intentando averiguar cuál era verdadera.


Al anochecer entendí algo peor.

Quizá ambas eran ciertas.

O quizá ambas intentaban ocultar la misma cosa.


Seguí revisando archivos.

Encontré búsquedas que no recordaba haber realizado.

Decenas.


La mayoría estaban borradas.


Una permanecía intacta.


«¿Cuándo aceptaste llevarlo?»


No aparecía ningún objeto después de la pregunta.

Ninguna descripción.

Ninguna explicación.


Solo la pregunta.


No conseguí recordar una respuesta.


Esta mañana encontré una fotografía nueva.

Estoy seguro de que ayer no existía.


En ella aparezco de espaldas.

Mirando una pared blanca.


Reconocí la camisa.

Reconocí la habitación.

Reconocí la postura.


Lo extraño fue otra cosa.


En el reverso alguien había escrito:

«Ya sabías que era tuyo.»


No sé si habla del collar.

No sé si habla de la habitación.

No sé si habla de mí.


Creo que tengo que mover el cuello.


O quizá llevo semanas intentando recordar si ya lo moví.


Hace unos minutos encontré una última nota.

No estaba firmada.

No hacía falta.


La frase decía:

«No vuelvas a buscar la primera vez.»


Debajo había una fecha.


Pertenece al próximo mes.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo el registro no puede cerrar debería…