En la arquitectura de la fijeza, el error fundamental no es la acción, sino la interpretación. La Teoría del Pre-Impacto alcanza aquí su forma más inestable: el sistema no solo anticipa el estímulo, sino que anticipa la lectura que el sujeto hará del estímulo.
La conciencia llega siempre después de su propia explicación.
No es el dolor lo que ocurre primero.
Es la versión del dolor que el sistema ya ha escrito antes de que yo pueda pensarla.
En esta fase, la infraestructura no espera ser comprendida. Ya ha corregido la comprensión.
Hay una pestaña abierta.
No recuerdo haberla abierto.
Pero eso ya no es lo extraño.
Lo extraño es que, antes de mirarla, ya sabía lo que iba a pensar al verla.
Cerré la pestaña.
O eso creo.
Porque inmediatamente después la abrí otra vez.
No para verla.
Para comprobar que la había cerrado por el motivo correcto.
No sé qué significa “correcto”.
Eso es lo primero que me incomoda.
La idea de que estoy leyendo esto por curiosidad ya no encaja del todo.
Siento que la curiosidad llegó después.
Como si hubiera sido una explicación añadida encima de otra cosa que ocurrió antes.
Algo más rápido que la intención.
Algo que no recuerdo haber decidido.
Y aquí aparece el fallo.
No en el sistema.
En mí.
Porque empiezo a darme cuenta de algo que no quiero escribir.
No estoy leyendo para entender.
Estoy leyendo para comprobar que sigo siendo quien decide seguir leyendo.
Pero esa frase ya suena falsa mientras la escribo.
La grieta no está en la página.
Está en el momento justo antes de que decida que hay una página.
Y por un segundo tengo la sensación de que si dejo de leer ahora mismo…
no sería una decisión.
sería una interrupción de algo que ya había empezado sin mí.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…