Encontré un bastón en una fotografía que no recordaba haber tomado.
No ocupaba el centro de la imagen.
Ni siquiera parecía importante.
Estaba apoyado contra una pared.
Casi fuera del encuadre.
Lo observé unos segundos.
Después seguí revisando otras fotografías.
Media hora más tarde volví a la misma imagen.
No porque el bastón me interesara.
Porque había olvidado por qué había regresado.
La pared me resultaba familiar.
La ventana también.
El bastón no.
Abrí una carpeta antigua.
Dentro encontré una nota.
No estaba fechada.
Solo decía:
«El bastón llegó después.»
No entendí a qué se refería.
Seguí buscando.
Encontré otra nota.
Escrita con la misma letra.
«El bastón llegó primero.»
Las dos frases parecían incompatibles.
Las guardé una junto a la otra.
Durante varios minutos intenté decidir cuál era falsa.
Después apareció una posibilidad peor.
Quizá ninguna estaba describiendo el mismo acontecimiento.
Quizá hablaban de dos comienzos distintos.
Esa noche encontré algo que no recordaba haber creado.
Una carpeta llamada:
«POSTURA»
Dentro había veintisiete fotografías.
Todas mostraban habitaciones vacías.
En algunas aparecía un bastón.
En otras no.
Intenté ordenarlas cronológicamente.
No pude.
Las fechas parecían desplazarse.
Como si alguien las hubiera reorganizado después.
O antes.
En la fotografía número dieciséis descubrí algo extraño.
Había una sombra.
No pertenecía al bastón.
No pertenecía a ningún mueble.
No pertenecía a ninguna persona visible.
La sombra parecía señalar una esquina.
Fui a comprobarla.
Nada.
Volví al archivo.
Amplié la imagen.
Entonces vi una anotación escrita sobre la pared.
Era casi invisible.
Decía:
«No busques dónde estaba.»
Debajo aparecía otra línea.
«Busca cuándo empezó a señalar.»
Cerré la carpeta.
Cinco minutos después la abrí otra vez.
No porque quisiera.
Porque ya no podía recordar qué me había inquietado exactamente.
Durante los días siguientes perdí varias horas revisando imágenes.
Encontré búsquedas que no recordaba haber realizado.
Archivos que no recordaba guardar.
Notas que reconocía perfectamente.
Lo extraño era otra cosa.
Recordaba haberlas escrito.
Pero no recordaba haber descubierto aquello que describían.
Esta mañana apareció una fotografía nueva.
No sé de dónde salió.
La pared era la misma.
La habitación era la misma.
La sombra era la misma.
El bastón había desaparecido.
En su lugar había una nota clavada sobre la pared.
Solo una frase.
«Ya corregiste la postura.»
Creo que tengo que mover el cuello.
O quizá llevo demasiado tiempo intentando averiguar cuándo empecé a pensar eso.
Hace unos minutos encontré la última anotación.
«No fue una corrección.»
La frase terminaba allí.
Debajo había una fecha.
Corresponde a una semana posterior a la fotografía donde la encontré.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo el ruido de llegada del próximo golpe seco ya estaba sedimentado…