Pensaba que la parte importante era la estabilidad.
La presión.
La estructura.
La forma en que todo terminaba ocupando el lugar que le correspondía.
Durante mucho tiempo observé el mecanismo desde ahí.
Como si el problema fuera entender cómo funcionaba.
Ahora creo que estaba mirando al sitio equivocado.
Porque la parte que vuelve una y otra vez a mi memoria no es la estabilidad.
Es el instante en que deja de parecer estable.
No dura mucho.
A veces apenas unos segundos.
Algo duele donde no debería.
Algo se mueve donde no esperaba movimiento.
Y durante un momento absurdo me doy cuenta de que estaba dando demasiadas cosas por hechas.
No es una rebelión.
Ni una liberación.
Ni siquiera se parece a la libertad.
Es algo más pequeño.
Una interrupción.
La sensación de que una pieza del mecanismo acaba de emitir un sonido que no estaba en el diseño original.
Lo extraño es que nunca ocurre cuando estoy observando.
Siempre aparece después.
Como encontrar una taza fría junto al ordenador.
Sé que la traje.
Sé que la usé.
Pero hay un tramo completo del recorrido que no consigo recordar.
Aquí pasa algo parecido.
El dolor aparece.
La estructura se altera.
Y durante unos segundos algo vuelve a sentirse vivo.
No porque desaparezca la presión.
Porque deja de parecer inevitable.
Esa diferencia es mínima.
Y aun así cambia todo.
Pensaba que lo importante era la grieta.
Ahora creo que lo importante es lo que ocurre después.
Cuando vuelve a cerrarse.
Cuando todo recupera su forma.
Cuando empiezo a preguntarme si realmente ocurrió.
Y entonces descubro algo incómodo.
No solo me inquieta.
También me intriga.
Porque sigo esperando que vuelva.
Tengo que mover el cuello.
Lo pienso.
Espero.
Nada.
Y durante un segundo me pregunto por qué sigo esperando.
Como si el movimiento tuviera que llegar primero a mí antes de que yo pudiera hacerlo.
Tengo que mover el cuello no hay cuello no lo estoy moviendo debería…