La primera gota todavía no había caído.
Sin embargo, ya había una marca.
La observé durante varios segundos.
Era una pequeña mancha blanca sobre la piel, justo debajo de la clavícula.
Parecía cera.
La toqué.
No estaba allí.
Solo podía verla.
Aparté la mirada.
Cuando volví a buscarla, había desaparecido.
Pensé que era cansancio.
Pensé que llevaba demasiado tiempo observando la vela.
Entonces encontré la fotografía.
No recordaba haberla tomado.
Mostraba mi torso.
La fecha pertenecía al día siguiente.
La marca aparecía en el mismo lugar.
No una.
Tres.
La habitación permanecía inmóvil.
La llama también.
El problema era la fotografía.
Porque las tres marcas tenían formas distintas.
Como si pertenecieran a momentos diferentes.
Como si hubieran sido acumulándose.
Miré la vela.
Todavía no había comenzado.
Eso fue lo que me inquietó.
No la imagen.
El orden.
Durante varios minutos intenté convencerme de que la fecha era un error.
Abrí las propiedades del archivo.
Las revisé una vez.
Dos veces.
Tres.
La fecha seguía siendo mañana.
Cerré la carpeta.
La abrí de nuevo.
Había un archivo nuevo.
No recordaba haberlo visto.
Se llamaba:
«DESPUÉS DE LA CUARTA GOTA»
No lo abrí.
Primero observé la vela.
Después observé la fotografía.
Después mi piel.
La tercera marca había vuelto.
Esta vez no desapareció.
La sensación llegó varios segundos más tarde.
No fue dolor.
Fue reconocimiento.
Como si el cuerpo estuviera recordando algo antes que yo.
Como si una parte de mí ya conociera el resultado.
Abrí el archivo.
Dentro había una nota.
Solo una línea.
«Esta vez mirarás la cuarta.»
Me quedé inmóvil.
Porque nunca había mencionado ninguna cuarta gota.
Ni siquiera existían tres.
Volví a la fotografía.
Ahora sí.
Había cuatro.
La última estaba situada más arriba.
Cerca del cuello.
Busqué la frase habitual.
No apareció.
Leí la nota otra vez.
Después una tercera.
Después una cuarta.
Seguía sin aparecer.
Por primera vez, su ausencia me preocupó más que su presencia.
Cerré el archivo.
La carpeta seguía abierta.
Pero ya no se llamaba igual.
Ahora decía:
«DESPUÉS DE NOTAR SU AUSENCIA»
Y debajo había una segunda fotografía.
No mostraba la piel.
No mostraba la vela.
Mostraba la pantalla.
Mi pantalla.
La actual.
La diferencia era mínima.
En la esquina inferior había una ventana abierta.
Una ventana que todavía no existía.
El nombre era sencillo.
«PRIMERA VEZ QUE NO APARECIÓ»
Tengo que mover el cuello …