La alarma sigue puesta.
Eso no debería llamar mi atención.
La he visto cientos de veces.
Aun así vuelvo a mirarla.
Hay algo extraño en ella.
No la hora.
No los números.
Otra cosa.
Tardo varios segundos en entender qué estoy comprobando.
Y cuando lo entiendo preferiría no haberlo entendido.
No estoy mirando la alarma.
Estoy intentando recordar haberla puesto.
La taza sigue junto al ordenador.
La toco.
Fría.
Durante un instante pienso que la he dejado ahí esta mañana.
Después me doy cuenta de que no estoy recordándolo.
Estoy reconstruyéndolo.
No es lo mismo.
La diferencia parece pequeña.
Empieza a parecer importante.
Tengo que mover el cuello.
Lo pienso.
Espero.
Nada.
La sensación no llega.
La pared tiene una grieta.
Creo que estaba ahí ayer.
No estoy seguro.
Lo extraño es que la grieta ya no parece una grieta.
Empieza a parecer una prueba.
Como si hubiera algo que estuviera intentando decirme desde hace tiempo.
Como si hubiera visto la misma señal muchas veces sin reconocerla.
Pensaba que el problema era la obediencia.
Después pensé que era el hábito.
Ahora sospecho que ninguna de las dos cosas es el problema.
Hay algo más.
Algo anterior.
Algo que ocurre antes incluso de que aparezca la idea de obedecer.
La alarma sigue puesta.
La taza sigue fría.
Tengo que mover el cuello.
Y de pronto aparece una idea que desaparece antes de que consiga retenerla.
Durante un segundo pienso que el problema no es que alguien me esté observando.
El problema es que sigo comportándome como si alguien fuera a hacerlo.
La idea desaparece.
Intento recuperarla.
No puedo.
La grieta sigue en la pared.
La taza sigue donde estaba.
Tengo que mover el cuello.
Y empiezo a preguntarme cuándo fue la última vez que necesité una orden para hacer algo que ya estaba haciendo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…