Abrí la carpeta porque reconocí el nombre.
No recordaba haberla creado.
Eso no era extraño.
Lo extraño fue reconocerla.
La carpeta se llamaba «anclaje».
Dentro había once capturas.
La primera mostraba una pared de cal.
La segunda también.
La tercera parecía idéntica hasta que descubrí una grieta que no estaba en la anterior.
Amplié la imagen.
Había una nota pegada junto a la grieta.
No podía leerse completa.
Solo tres palabras.
«No estabas aquí.»
Cerré la captura.
Esperé unos segundos.
Volví a abrirla.
La nota seguía allí.
Miré la fecha.
Después otra vez.
No mejoró.
La secuencia estaba invertida.
La cuarta captura había sido guardada antes que la primera.
La séptima existía varios meses antes de la carpeta que la contenía.
Encontré un documento de texto.
Vacío.
O eso pensé.
Al desplazarme hasta el final apareció una única línea:
«La cerradura llegó después.»
No había ninguna cerradura en las imágenes.
Todavía.
La habitación era familiar.
No la habitación concreta.
La sensación.
La misma pared.
La misma luz.
La misma espera.
Como si hubiese pasado por allí demasiadas veces sin detenerme a mirar.
Abrí otra captura.
Mostraba un grillete.
No colocado.
Simplemente apoyado sobre el suelo.
Lo reconocí inmediatamente.
Lo extraño fue que no sabía de dónde.
Seguí avanzando.
En una fotografía posterior el grillete había desaparecido.
En la siguiente había vuelto.
En la última aparecía exactamente en el mismo lugar que al principio.
Observé las fechas.
Después otra vez.
Después una tercera.
La última imagen era anterior a la primera.
Encontré una nota doblada entre dos archivos.
La letra era mía.
La recordaba perfectamente.
Lo que no recordaba era haberla leído.
Solo decía:
«Nunca te fuiste.»
Durante unos minutos me quedé mirando la frase.
Luego busqué otra nota esperando encontrar una explicación.
No apareció ninguna.
Encontré algo peor.
Una fotografía.
En ella estaba señalando la pared.
La misma pared.
La misma grieta.
La misma luz.
La fecha era antigua.
Mucho más antigua de lo que debería.
Amplié la imagen.
Había algo escrito junto a la grieta.
Era difícil de distinguir.
Aun así pude leerlo.
«La diferencia importa.»
No explicaba nada.
Precisamente por eso seguí leyendo.
Había un registro de actividad.
Horas acumuladas.
Decenas.
Después cientos.
No recordaba haber pasado tanto tiempo allí.
Al principio pensé que era un error.
Luego encontré semanas enteras ocupadas por accesos repetidos a los mismos archivos.
Las mismas capturas.
Las mismas notas.
La misma pared.
La misma espera.
Algo me costaba todo aquel tiempo.
Todavía no sabía qué.
Abrí la última imagen.
Esperaba encontrar el grillete.
No estaba.
Solo aparecía la pared vacía.
Y una frase escrita directamente sobre la cal.
Reconocí la letra.
Era la mía.
La fecha pertenecía a mañana.
Leí la frase una vez.
Después otra.
Después una tercera.
Decía:
«La siguiente carpeta tampoco te sonará.»
Cerré la imagen.
Miré la lista de directorios.
Había una carpeta nueva.
No recordaba haberla visto antes.
Su nombre me resultaba extrañamente familiar.
Durante varios segundos intenté recordar cuándo la había creado.
No lo conseguí.
Creo que tengo que mover el cuello.
No recuerdo si ya lo moví.
Porque justo encima de la carpeta había otra captura.
No la había visto antes.
En ella aparecía yo.
Mirando la pantalla.
Con la mano apoyada sobre el cuello.
Como si estuviera comprobando algo.
La fecha era anterior a la primera vez que pensé en hacerlo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo el registro no puede cerrar debería…