Hay algo que me incomoda admitir.
Cada vez que leo sobre esto me digo que será la última vez.
Y nunca es la última vez.
Siempre encuentro una excusa.
Un artículo más.
Un vídeo más.
Una explicación más.
Como si todavía me faltara entender algo.
Pero empiezo a sospechar que entenderlo no es realmente lo que estoy buscando.
Eso es lo que me da miedo.
Porque sería mucho más fácil si todo fuera simple curiosidad.
La curiosidad tiene una lógica.
Aparece.
Aprendes algo.
Desaparece.
Esto no funciona así.
Cuanto más leo, más espacio ocupa.
Y cuanto más espacio ocupa, más raro me siento.
A veces cierro todo y me siento ridículo.
De verdad.
Ridículo.
Pienso:
«¿Qué estoy haciendo?»
«¿Por qué llevo una hora leyendo esto?»
«¿Por qué me interesa?»
Y no tengo respuesta.
Lo único que tengo es la sensación incómoda de que mañana volveré.
Y vuelvo.
Eso es lo que no le cuento a nadie.
No la excitación.
La repetición.
Porque la excitación aparece y desaparece.
Pero la repetición se queda.
Es como una pequeña piedra dentro del zapato.
No duele.
Pero siempre está ahí.
Empiezo a reconocer palabras.
Conceptos.
Dinámicas.
Y algo cambia.
Antes eran cosas que leía.
Ahora son cosas que pienso.
Y esa diferencia me inquieta.
Porque significa que algo ha cruzado la pantalla.
Algo ha entrado.
A veces me descubro imaginando situaciones que hace unos meses me habrían parecido absurdas.
Y no sé qué hacer con eso.
No porque quiera que ocurran.
Sino porque ya no puedo fingir que no me producen nada.
Ahí aparece la vergüenza.
No una vergüenza enorme.
Una vergüenza pequeña.
Persistente.
La clase de vergüenza que aparece cuando borras el historial aunque nadie vaya a verlo.
La clase de vergüenza que hace que cierres una pestaña rápido aunque estés solo.
La clase de vergüenza que no nace del miedo a los demás.
Sino del miedo a descubrir algo sobre ti mismo.
Creo que eso es lo que realmente me mantiene aquí.
No los vídeos.
No los textos.
No las fantasías.
La sospecha.
La sospecha de que sigo buscando porque hay algo que todavía no quiero admitir.
Y cuanto más intento alejarme de esa idea…
más vuelve.
Como si me estuviera esperando.
Pacientemente.
En la siguiente pestaña.
Tengo que mover el cuello…