Pensaba que el interés desaparecería solo.
Supongo que esa era la teoría.
Lees unas cuantas cosas.
La curiosidad se calma.
Sigues con tu vida.
Normal.
Lo extraño es que no ocurrió así.
Durante semanas seguí abriendo las mismas páginas.
No exactamente las mismas.
Pero lo bastante parecidas.
A veces cambiaba el artículo.
A veces cambiaba la historia.
A veces cambiaba la persona que escribía.
La sensación era siempre la misma.
Eso me cuesta admitirlo.
Durante un segundo pensé en borrar esa frase.
No porque fuera mentira.
Porque suena demasiado parecida a una obsesión.
Y todavía no quiero llamarla así.
Hay polvo acumulado sobre el borde de la mesa.
Lo veo cada mañana.
No debería significar nada.
Y sin embargo empiezo a utilizarlo como una prueba.
Si el polvo sigue ahí, todo sigue igual.
Si todo sigue igual, yo sigo igual.
La lógica es absurda.
Lo sé mientras la pienso.
Aun así vuelvo a mirarlo.
Hay una grieta pequeña junto al marco de la puerta.
No recuerdo cuándo apareció.
Durante unos días pensé que era nueva.
Luego encontré fotografías antiguas.
La grieta ya estaba.
Eso debería haber cerrado el asunto.
No lo cerró.
Porque la pregunta dejó de ser cuándo apareció la grieta.
La pregunta pasó a ser por qué necesitaba saberlo.
Anoche volví a leer durante horas.
No estaba buscando información.
Hace tiempo que dejé de buscar información.
Pensaba que estaba buscando una sensación.
Ahora tampoco estoy seguro de eso.
Creo que buscaba algo anterior.
El momento justo antes.
Ese instante en que todavía no has abierto la página.
Ese segundo en que todavía puedes no hacerlo.
La posibilidad.
Hay algo vergonzoso en escribirlo de esta manera.
Porque empiezo a sospechar que nunca me interesó realmente la respuesta.
Lo que me interesaba era la aproximación.
El movimiento hacia ella.
Como si hubiera algo en el borde de la comprensión que resultara más intenso que comprender.
Tengo que mover el cuello.
La frase aparece mientras leo.
A veces mientras escribo.
A veces mientras intento pensar en otra cosa.
Antes creía que significaba algo físico.
Ahora ya no estoy seguro.
Tengo que comprobar que puedo mover el cuello.
Después:
Tengo que comprobar que fui yo quien decidió moverlo.
Ahora la frase ha cambiado otra vez.
Tengo que comprobar por qué necesito comprobarlo.
Levanto la vista.
La grieta sigue en la pared.
El polvo sigue sobre la mesa.
La puerta sigue cerrada.
Todo parece exactamente igual.
Y eso debería tranquilizarme.
Durante un segundo creo entender por qué no lo hace.
La idea aparece.
La noto acercarse.
Luego desaparece antes de terminar de formarse.
Y la sensación que queda no tiene que ver con la grieta.
Ni con el polvo.
Ni con el cuello.
Tiene que ver con algo mucho más difícil de admitir.
La sospecha de que llevo semanas intentando descubrir qué estoy buscando.
Y que quizá la parte que vuelve una y otra vez no está buscando una respuesta.
Está buscando el momento anterior a encontrarla.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…