Hoy leí durante casi una hora sobre el estrangulamiento controlado.
Todavía me cuesta escribir esas palabras.
Las borro.
Las vuelvo a escribir.
No porque me parezcan especialmente graves.
Porque me cuesta admitir que las busqué.
Al principio fue curiosidad.
Solo quería entender por qué aparecía tanto.
Pensé que encontraría algo exagerado.
Una fantasía.
Una provocación.
No encontré nada de eso.
Encontré personas hablando de respiración.
De presión.
De confianza.
De segundos.
Todo era extrañamente tranquilo.
Eso fue lo que me inquietó.
Esperaba violencia.
Encontré instrucciones.
Cerré la página.
No quería seguir leyendo.
Cinco minutos después ya estaba otra vez allí.
No buscaba imágenes.
Ni siquiera buscaba imaginarme dentro.
Solo quería releer un párrafo.
El mismo.
Una y otra vez.
Hay una frase que todavía no consigo quitarme de la cabeza.
No era una frase especialmente inteligente.
Ni especialmente intensa.
Decía algo parecido a que la persona que recibe el control termina prestando atención a cosas que normalmente nunca escucha.
Al pulso.
Al aire.
Al cuello.
Me dio vergüenza seguir leyendo después de eso.
Porque durante un instante levanté la mano.
Solo para tocarme el cuello.
Lo hice sin pensarlo.
Lo extraño no fue tocarme.
Lo extraño fue descubrir que ya estaba buscando una explicación antes incluso de notar el gesto.
No me gusta la idea.
No quiero hacerlo.
No quiero necesitar entenderlo.
Y, sin embargo, cada vez que decido dejar de leer…
Aparece una pregunta pequeña.
Solo una.
¿Qué quiso decir exactamente con esa frase?
Vuelvo.
Encuentro otra.
Y otra.
Empiezo a sospechar que ya no vuelvo por curiosidad.
Ni siquiera por excitación.
Vuelvo porque todavía no consigo recordar cuándo dejó de parecerme una simple curiosidad.
Y eso me cuesta muchísimo más escribirlo que cualquier otra cosa.
No recuerdo cuál fue el primer artículo.
Eso es lo que más me incomoda.
Durante mucho tiempo me conté una historia muy sencilla.
Que había llegado allí por curiosidad.
Nada más.
Una búsqueda.
Un enlace.
Otro enlace.
Una fotografía.
Un texto.
Después cerré la página.
Eso es lo que recuerdo.
Lo que no recuerdo es por qué volví al día siguiente.
Ni al otro.
Hay una parte de mí que sigue diciendo que solo estaba intentando entender algo.
Pero ya no estoy seguro.
Hace unos días encontré el historial del navegador abierto por una fecha antigua.
Esperaba encontrar una búsqueda concreta.
No estaba.
Había muchas.
Todas parecían distintas.
Todas terminaban hablando de lo mismo.
Me dio vergüenza.
No por lo que estaba leyendo.
Por el tiempo que llevaba leyéndolo sin haberme dado cuenta.
Leí sobre obediencia.
Sobre protocolos.
Sobre contratos.
Sobre límites.
Y después apareció un artículo sobre los azotes.
Recuerdo perfectamente la sensación.
No porque quisiera recibirlos.
Todo lo contrario.
La primera reacción fue pensar:
«No.»
Cerré la página.
Duró poco.
Volví a abrirla.
No para convencerme.
Solo para comprobar una frase.
Después otra.
Luego otra más.
No estaba buscando imágenes.
Ni fantasías.
Había algo mucho más pequeño.
Necesitaba entender por qué una idea que rechazaba seguía ocupando sitio en mi cabeza.
Eso me cuesta escribirlo.
Porque suena ridículo.
Cuanto menos me gustaba la idea, más volvía a ella.
Empecé a discutir conmigo mismo mientras caminaba por la calle.
Esto no tiene nada que ver conmigo.
Entonces ¿por qué sigues leyendo?
No lo sé.
Esa respuesta solo funcionaba unos minutos.
Luego abría otra pestaña.
No encontraba respuestas.
Encontraba versiones ligeramente distintas de la misma pregunta.
Empecé a notar algo extraño.
La excitación ya no aparecía donde esperaba.
Aparecía antes.
En el momento de decidir si abría el siguiente artículo.
En el instante de mover el ratón hacia el enlace.
En esos dos segundos donde todavía podía cerrar el navegador.
Creo que ahí empezó a cambiar algo.
No en lo que leía.
En la forma en que esperaba leerlo.
Y eso es lo que todavía no entiendo.
Porque sigo diciéndome que mañana dejaré de buscar.
Y casi siempre lo creo.
Hasta que, sin darme cuenta, vuelvo a escribir las mismas palabras en el buscador.
Cada vez un poco más despacio.
Como si estuviera intentando recordar cuándo empecé a necesitarlas.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…