El aire sabe a mármol seco.
Durante un momento pienso que el texto va a terminar donde siempre termina.
Busco la frase.
No aparece.
Sigo leyendo.
Reviso el último párrafo otra vez.
Nada.
Durante meses siempre estaba allí.
Era la única constante.
La cuerda.
La cal.
El desfase.
Y al final:
Tengo que mover el cuello.
Esta vez no.
Miro el margen inferior del documento.
Hay una nota nueva.
No recuerdo haberla visto antes.
Tampoco recuerdo haberla escrito.
La nota contiene una sola línea.
«Ya notaste su ausencia.»
Permanezco inmóvil.
No por la cuerda.
Por la frase.
Porque tiene razón.
Había llegado al final únicamente para comprobar si seguía allí.
Vuelvo arriba.
Empiezo a revisar el texto desde el principio.
Busco el momento exacto en que dejó de aparecer.
Entonces encuentro algo peor.
No hay ninguna referencia al cuello en todo el documento.
Ni una sola.
Es imposible.
Recuerdo haberla leído.
Recuerdo esperarla.
Recuerdo cansarme de verla.
Pero el archivo no la contiene.
Desplazo la página hacia abajo.
La nota ha cambiado.
Ahora dice:
«No la recuerdas porque la leíste.
La recuerdas porque ya la estabas buscando.»
Debajo aparece una carpeta que no estaba allí hace unos segundos.
ANTES DE LEER ESTO.
La abro.
Dentro hay una captura de pantalla.
Reconozco inmediatamente la habitación de cal.
Reconozco el documento.
Reconozco el cursor.
La fecha es de mañana.
La captura muestra este mismo archivo abierto.
La diferencia es que todavía queda una página más.
Una página que aún no existe.
Tengo que mover el cuello …