No sé en qué momento empezó a parecer normal esto.
Abro la pestaña.
No estaba pensando en abrirla.
Eso es lo que me hace volver a mirar.
No hay nada importante dentro.
Solo la sensación de que debería haber algo.
Intento no comprobarlo.
Funciona.
Eso dura demasiado poco como para confiar en ello.
Porque entonces aparece otra cosa.
No la pestaña.
El hecho de no estar mirándola.
Como si dejar de comprobar también tuviera que ser comprobado.
Cierro.
Abro otra vez.
No por interés.
Por corregir el gesto anterior.
Pero el gesto ya no es el mismo.
Nunca es el mismo dos veces seguidas.
Hay algo extraño en las cosas que inicio.
No en lo que veo.
En el instante en que decido hacerlo sin recordar haberlo decidido.
El cuello aparece otra vez.
No lo muevo.
Ni siquiera lo intento.
Espero.
Nada.
Y por un segundo eso parece suficiente.
Luego ya no.
Tengo que mover el cuello.
La frase aparece.
Pero no se siente como orden.
Se siente como comprobación.
No lo muevo.
Pero lo compruebo.
Y eso es lo nuevo.
No el cuello.
La comprobación del cuello.
Empiezo a sospechar algo.
No sobre el cuello.
Sobre el momento en que dejó de ser una decisión.
No estoy seguro de cuándo empezó esto.
Solo de que cada vez que intento recordarlo… llego tarde.
El desfase es una grieta en el mármol.
No recuerdo haber visto el mármol convertirse en mármol.
Solo que ahora hay algo que se sostiene solo.
Sin intervención clara.
Sin origen claro.
Y lo inquietante no es que no se mueva.
Es que no sé si estoy esperando que se mueva…
o si ya estoy comprobando que no se mueve.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…