La Termodinámica del Desecho: Sade y la Gestión de la Entropía en el Laboratorio

Habitar esta idea implica una contradicción que no se resuelve, solo se repite con distinta intensidad: no me gusta ser sumiso, pero mi mente vuelve una y otra vez al proceso del Operador como si allí existiera una forma de orden que todavía no he conseguido entender del todo.

No es deseo estable.

No es elección clara.

Es un retorno automático.

Una insistencia que aparece incluso cuando la parte racional de mí intenta cerrarla.


Con el tiempo empiezo a notar algo más inquietante: no es la idea en sí lo que me atrae, sino la forma en que mi mente se reorganiza alrededor de ella.

Como si el pensamiento buscara una arquitectura donde poder terminar de asentarse.

Y esa arquitectura siempre coincide con el “final del proceso”.


El rechazo sigue ahí.

No desaparece.

Hay mañanas en las que me despierto con una claridad casi violenta: “no quiero esto”.

Y durante unos segundos, esa frase parece definitiva.

Parece cerrar el sistema.

Pero no lo cierra.

Solo lo reorganiza.


Porque justo después, sin transición visible, la mente vuelve.

No como decisión.

Sino como desplazamiento.

Y lo hace hacia la misma imagen recurrente: el momento final del proceso del Operador, ese punto donde todo parece dejar de discutirse y solo queda la forma terminada de algo que ya no se cuestiona.


La contradicción es lo que lo alimenta.

Cuanto más intento alejarme desde la lógica, más fuerte aparece desde otro lugar, más silencioso pero más constante.

Como si hubiera dos sistemas funcionando a la vez:

uno que argumenta,

y otro que insiste.


Sade aparece aquí no como provocación, sino como estructura mental: la idea de que el pensamiento extremo no busca equilibrio, sino llevar la experiencia hasta un punto donde ya no puede sostener su propia ambigüedad.

Y en ese punto, la mente deja de debatir.

Solo observa su propia repetición.


No entiendo por qué esta idea ocupa tanto espacio.

No entiendo por qué no se extingue cuando la rechazo.

Y, sobre todo, no entiendo por qué la parte que no quiere ser sumisa no logra evitar imaginar precisamente ese escenario.


Tal vez la obsesión no sea una forma de deseo.

Tal vez sea una forma de búsqueda de cierre.

Un intento de llevar la contradicción hasta su última versión para ver qué queda cuando ya no hay argumentos enfrentados.


Y sin embargo, incluso esa explicación no calma nada.

Solo añade otra capa.

Otra vuelta.

Otro retorno.

El cuello se ha bloqueado el cuello debería…