La Apoteosis del Fraguado: El Triunfo del Sellado como Cierre Mineral del Sistema

ESPAÑOL

Pensaba que el momento importante era cuando abría la página.

Ahora creo que llegaba tarde.

Eso es lo que llevo varios días intentando explicar.

No el contenido.

No lo que veía.

El hecho de que, cuando me daba cuenta de lo que estaba haciendo, ya llevaba un rato haciéndolo.

La alarma sigue puesta.

La comprobé hace unos minutos.

Eso significa que anoche la configuré.

Elegí una hora.

La activé.

Debí mirarla al menos dos veces para asegurarme.

Y sin embargo no recuerdo ninguna de esas cosas.

Recuerdo estar cansado.

Recuerdo la luz de la pantalla.

Recuerdo la taza al lado del ordenador.

Pero la decisión ya no está.

Es como si hubiera desaparecido.

La taza sigue ahí.

La toco.

Está completamente fría.

Intento calcular cuánto tiempo lleva así.

No puedo.

Solo sé que en algún momento dejó de estar caliente y yo no estuve presente para verlo.

Creo que eso es lo que me inquieta.

No perder tiempo.

Perder partes del proceso.

Hay momentos que desaparecen sin avisar.

Pequeños movimientos.

Pequeñas decisiones.

Como si alguien hubiera cortado unos segundos de la grabación.

Lo más incómodo es que no estoy seguro de querer recuperarlos.

Porque sigo observando.

Sigo intentando encontrar el punto exacto.

El instante anterior.

El momento donde todavía parece una elección.

Tengo que mover el cuello.

Lo pienso.

Espero.

Nada.

La pantalla sigue encendida.

La taza sigue fría.

Tengo que mover el cuello.

Lo pienso otra vez.

Y durante un segundo aparece una idea extraña.

No estoy esperando moverlo.

Estoy esperando sentir que fui yo quien tomó la decisión.

Y quizá eso es lo que llevo demasiado tiempo buscando.

No el contenido.

No la respuesta.

El lugar exacto donde una decisión deja de parecer mía.

Tengo que mover el cuello el registro no puede cerrar tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…