El Fallo del Hardware: El Dolor Sin Control como Cortocircuito Biológico

Había dicho que era curiosidad.

Eso era lo fácil.

La palabra que no molesta a nadie.

Pero no era solo curiosidad.

Había algo en volver.

Cerrar la pestaña.

Y abrirla otra vez.

Como si la respuesta estuviera siempre un poco más abajo.

Un poco más tarde.

Una noche recuerdo la pantalla.

Demasiado blanca en la oscuridad.

La habitación en silencio.

Y yo sin moverme.

No porque estuviera concentrado.

Sino porque levantarme habría sido admitir algo.

No sé qué.

Eso es lo que no quiero escribir.

La taza estaba ahí.

Fría.

La miré demasiado tiempo.

Como si fuera parte del mismo problema.

Pensé que estaba buscando información.

Luego pensé que estaba buscando repetición.

Ahora no estoy seguro de ninguna de las dos cosas.

Solo sé que seguía volviendo.

Y eso es lo que no encaja.

Porque una vez debería haber sido suficiente.

Pero no lo fue.

Había una diferencia.

Pequeña.

Casi invisible.

Entre entender algo…

y necesitar volver a mirarlo.

No sé cuándo empezó a cambiar.

Solo sé que cambió sin permiso.

La pantalla sigue en mi memoria incluso cuando está apagada.

Como si no dependiera del dispositivo.

Sino de mí.

Y eso es lo que me incomoda.

No el contenido.

Sino la vuelta.

La repetición.

El gesto automático.

Como si algo en mí estuviera comprobando otra cosa.

Algo que no quiere nombrar todavía.

Tengo que mover el cuello no hay cuello no lo estoy moviendo debería…