El Anclaje del Silencio: La Mentonera de Peso y el Mecanismo de la Estasis Mandibular

La taza estaba fría.

La aparté sin pensar.

No recordaba cuándo había dejado de beber.

La pantalla seguía encendida.

Una pestaña abierta.

Otra.

Otra más.

Llevaba semanas diciéndome que solo estaba leyendo.

Curiosidad.

Eso era todo.

La palabra seguía funcionando.

Al menos por fuera.

Porque la explicación empezaba a quedarse pequeña.

No era la primera vez que terminaba allí.

Tampoco era la décima.

Lo extraño era que nunca recordaba haber tomado la decisión de volver.

Simplemente ocurría.

Como si hubiera una parte de mí que siguiera caminando hacia ese lugar mientras el resto estaba ocupado haciendo otras cosas.

Abrí una carpeta.

No buscaba nada concreto.

Solo estaba perdiendo el tiempo.

Eso pensé.

Entonces encontré una captura de pantalla.

La reconocí inmediatamente.

No recordaba haberla guardado.

Me quedé mirándola.

Después abrí otra.

Y otra.

La misma sensación.

Reconocimiento inmediato.

Ausencia total de memoria.

No era la fotografía.

Era la distancia.

La evidencia de que ya había estado allí.

Y que había olvidado haber estado allí.

Normalmente las preguntas desaparecen cuando las respondes.

Esta no.

Cada respuesta parecía añadir otra capa.

Otro pasillo.

Otra puerta.

Otro regreso.

Volví a leer un párrafo subrayado.

No recordaba haberlo marcado.

La fecha estaba ahí.

Meses atrás.

Me apoyé en el respaldo de la silla.

La habitación estaba en silencio.

El monitor iluminaba la pared.

La taza seguía fría.

Pensé que estaba investigando.

Después pensé que estaba intentando entender algo.

Ahora ya no estaba seguro.

Porque la investigación suele terminar.

Esto no.

Y cuanto más avanzaba, más difícil era saber qué estaba buscando exactamente.

No porque buscara más información.

Porque esperaba encontrar una explicación distinta.

Como si el significado hubiera cambiado mientras yo no miraba.

Como si algo se hubiera movido.

O quizá hubiera sido yo.

Encontré otra nota.

Una frase copiada.

Solo una línea.

Sin contexto.

Sin explicación.

Sin fecha.

La leí varias veces.

No recordaba haberla escrito.

Lo extraño no fue encontrarla.

Lo extraño fue sentir que ya conocía perfectamente lo que intentaba decir.

Tengo que mover el cuello.

No lo estoy moviendo.

Espero notar el momento exacto en que empiece.

Pero cuando intento encontrarlo, ya ha ocurrido.

Como abrir otra pestaña.

Como guardar otra imagen.

Como volver una vez más.

Empiezo a sospechar que la pregunta ya no es por qué regreso.

Empiezo a sospechar que la verdadera pregunta es cuánto tiempo llevo regresando sin saberlo.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo la tensión en la base del cráneo…