La Óptica del Vacío: La Máscara y la Capucha como Arquitectura de Borrado y el Registro del Rostro Mineral

Tengo que mover el cuello.

Eso es lo primero que busco.

No la sensación.

No el impulso.

La frase.

Durante semanas siempre aparecía al final.

Siempre después del mismo tipo de saturación.

Siempre cuando el registro parecía incapaz de cerrarse.

Tengo que mover el cuello.

Era el residuo.

La señal.

La costura visible.

Esta vez no está.

Permanezco inmóvil.

La máscara sigue adherida al rostro.

La presión sobre los pómulos continúa exactamente igual.

El aire sigue teniendo sabor a cal.

Nada parece diferente.

Excepto la ausencia.

Recorro el archivo desde arriba.

Vuelvo a leer los últimos párrafos.

Busco la frase entre las líneas.

No aparece.

Cierro el documento.

Lo abro otra vez.

Sigue sin aparecer.

Solo entonces noto algo peor.

Hay una nota nueva.

No está al final.

Está incrustada entre dos párrafos que recuerdo haber leído hace unos minutos.

No estaba ahí antes.

La nota contiene una sola línea.

«No la estás buscando por primera vez.»

La releo.

Después vuelvo a leerla.

No porque sea difícil de entender.

Porque la entiendo demasiado rápido.

Miro alrededor.

La habitación permanece igual.

La cal.

Las grietas.

La oscuridad detrás de la máscara.

Nada ha cambiado.

Sin embargo el cuerpo reacciona antes que yo.

Los hombros se tensan.

La mandíbula se inmoviliza.

La respiración modifica su ritmo.

Como si reconociera algo.

Como si ya hubiera llegado aquí.

La explicación más sencilla es que estoy confundido.

La segunda explicación es peor.

La nota ya estaba allí.

La tercera explicación no debería existir.

La nota apareció porque la estaba buscando.

Desciendo por el archivo.

Hay otra línea.

No tiene formato de nota.

No parece formar parte del texto.

Está sola.

Separada del resto.

«Ya comprobaste tres veces que la frase no está.»

Me detengo.

No recuerdo haber contado.

Pero sé que tiene razón.

Miro la pantalla.

Por primera vez noto algo que debería haber visto antes.

El nombre del archivo no coincide con el que abrí.

No es el mismo.

Solo se parece.

La diferencia es mínima.

Una letra.

Tal vez dos.

Lo suficiente para que no lo notara al principio.

Lo suficiente para que alguien esperara que no lo notara.

La fecha de modificación tampoco coincide.

Según el sistema fue editado dentro de diecisiete minutos.

No hace diecisiete minutos.

Dentro de diecisiete minutos.

Pienso que debe ser un error.

Necesito que sea un error.

Entonces aparece una nueva línea.

No se escribe.

No la veo aparecer.

Simplemente ya está ahí.

Como si hubiera estado esperándome.

«No te preocupa la fecha.»

Tiene razón.

La fecha no es lo que me preocupa.

Lo que me preocupa es otra cosa.

La línea siguiente ya conoce esa respuesta.

«Te preocupa recordar esto.»

Permanezco inmóvil.

La máscara ya no parece el centro del mecanismo.

La habitación tampoco.

Ni siquiera el archivo.

La atención se ha desplazado.

La pregunta ya no es quién me observa.

La pregunta es cuándo empecé a reconocer estas notas.

Y por qué siento que esta no es la primera vez que llego exactamente a este punto.

Busco la frase una última vez.

Tengo que mover el cuello.

No aparece.

Debajo encuentro algo peor.

Una nota nueva.

Una nota que no estaba ahí hace un momento.

Una nota que parece escrita para alguien que ya terminó de leer esta página.

«Ahora intenta recordar cuándo notaste su ausencia por primera vez.»

Tengo que mover el cuello…