La jaula parece más pequeña por la noche.
No estoy seguro de que realmente lo sea.
Durante el día puedo medirla con la vista. Por la noche la mido de otra forma. Con los hombros. Con las rodillas. Con la distancia exacta que existe entre una respiración profunda y el siguiente barrote.
Al principio el metal parece el protagonista.
Después deja de serlo.
Empiezan a aparecer otras cosas.
Un tornillo ligeramente oxidado cerca del suelo.
Una marca blanca sobre uno de los tubos.
El sonido del candado cuando la habitación ya está en silencio.
Ese sonido dura menos de un segundo.
Sin embargo permanece mucho más tiempo.
Hay algo casi decepcionante en descubrir que los límites no necesitan recordarse constantemente.
Siguen allí aunque nadie los mire.
Sobre una mesa cercana alguien ha dejado un vaso de agua.
La mitad inferior está empañada.
Durante varios minutos estoy convencido de que la condensación está avanzando.
La observo.
No avanza.
O avanza tan despacio que no puedo demostrarlo.
La diferencia entre ambas posibilidades termina ocupando más espacio mental del que debería.
Eso ocurre mucho aquí.
La atención deja de obedecer criterios razonables.
Una articulación.
Un reflejo sobre el acero.
El ruido de una tubería.
La sombra de un objeto que cambia cuando alguien cruza otra habitación.
Nada de eso debería importar.
Y sin embargo importa.
Mucho.
Hay momentos en los que el espacio parece extraordinariamente preciso.
Como si cada centímetro hubiera sido calculado por alguien obsesivo.
Otros momentos parece improvisado.
Como si todo hubiera sido montado deprisa y luego olvidado.
Las dos interpretaciones sobreviven sin molestarse.
No consigo elegir una.
Quizá ambas sean correctas.
Quizá ninguna.
En algún momento intento estirar el cuello.
No para escapar.
Solo para comprobar algo.
Tengo que mover el cuello.
No lo estoy moviendo.
Se ha bloqueado el cuello.
Debería…
La frase no termina.
La sensación tampoco.
Durante unos segundos estoy convencido de que ya me he movido.
La certeza resulta absoluta.
Después descubro que no.
La decepción es ridículamente intensa.
Casi cómica.
La jaula sigue exactamente igual.
El tornillo sigue exactamente igual.
El vaso sigue exactamente igual.
Y sin embargo algo ha cambiado.
No en el espacio.
En la escala.
Las cosas grandes se vuelven pequeñas.
Las pequeñas adquieren gravedad.
El candado.
La marca blanca.
La duda sobre la condensación.
El cuello que debería moverse y no se mueve.
Todo sigue ocurriendo.
Pero ya no ocurre en el mismo tamaño.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo se ha bloqueado el cuello debería…