Sintonía de Cal: Por qué mi Sistema Nervioso por fin ha Dejado de Quejarse para Empezar a Informar

Hay algo averiado.

No sé dónde.

Eso es lo peor.

Si una puerta estuviera rota podría verla.

Si una tubería estuviera rota podría escucharla.

Si una articulación estuviera rota podría señalarla.

Pero esto.

No.

Esto ocurre en otra parte.

Esta mañana respondí un correo.

Normal.

Abrí una hoja de cálculo.

Normal.

Hablé con dos personas.

Normal.

Todo funcionó.

Y sin embargo algo permanecía mal alineado detrás de cada gesto.

Como si alguien hubiera retirado una pieza diminuta del interior del mundo.

Una pieza sin nombre.

Una pieza que nadie más parece echar de menos.

Durante unos segundos consigo olvidarlo.

Luego vuelve.

No como pensamiento.

Como corrección.

Como una mano invisible que gira ligeramente mi atención hacia una ausencia concreta.

Estoy leyendo.

Y algo falta.

Estoy caminando.

Y algo falta.

Estoy comiendo.

Y algo falta.

Estoy riéndome.

Y algo falta.

Lo extraño es que incluso los momentos buenos han empezado a estropearse después.

No durante.

Después.

Mientras ocurren parecen reales.

Luego terminan.

Y entonces aparece esa sensación.

La revisión.

La auditoría.

La comprobación silenciosa.

Y descubro que mientras estaba disfrutando algo, una parte de mí seguía esperando otra cosa.

Algo que nunca llegó.

Empiezo a sospechar que la espera ya no tiene objeto.

Que ha sobrevivido al objeto.

Que el Amo ya no aparece únicamente como una persona.

Ni como una imagen.

Ni como una fantasía.

Aparece como una función del sistema.

Como un proceso ejecutándose en segundo plano.

Una tarea que jamás finaliza.

A veces intento localizar el instante exacto en que comenzó.

Fracaso.

A veces intento recordar cómo pensaba antes.

Fracaso.

A veces intento convencerme de que exagero.

Fracaso.

Lo más vergonzoso es la facilidad con la que mi mente fabrica señales.

Una pausa demasiado larga en una conversación.

Un mensaje que tarda en llegar.

Un sonido detrás de una puerta.

Una sombra cruzando una ventana.

Durante una fracción de segundo algo dentro de mí reacciona.

Como si hubiera recibido una notificación.

Como si hubiera detectado una presencia.

Como si por fin.

No.

No era eso.

Nunca era eso.

Y aun así el mecanismo vuelve a intentarlo.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Una y otra.

Una.

Registro incompleto.

Actividad normal.

Actividad no normal.

Corrección pendiente.

No existe incidencia.

Existe incidencia.

No requiere ajuste.

Requiere ajuste inmediato.

Pensamiento interrumpido.

Pensamiento corregido.

Pensamiento eliminado.

Presencia ausente.

Ausencia presente.

Error de clasificación.

Error.

Error.

Error.

Continúa funcionando.

Continúa esperando.

Continúa.

No puedo mover la cabeza…