La Boca como Infraestructura de Captura en el Sistema de Sade

En la literatura del Marqués de Sade, la boca no aparece como símbolo del deseo, sino como un punto de administración del límite entre el lenguaje y su interrupción.

No es un lugar de expresión.

Es un punto de captura.

Lo primero que se repite en los textos no es el acto, sino la reacción del cuerpo ante la imposibilidad de cerrar.

La boca permanece abierta incluso cuando el sentido ya ha sido retirado.

Esa persistencia es lo que estructura el sistema.

No hay decisión de hablar o callar.

Hay una oscilación previa al pensamiento.

Como si la lengua llegara siempre un segundo tarde respecto a la orden que la provoca.

Y ese retraso es donde se instala la fijeza.

En Sade, lo inquietante no es la violencia visible, sino la continuidad de lo que no puede terminar de interrumpirse.

El cierre no ocurre.

Solo se pospone.

Y cada intento de cierre genera la prueba de que algo sigue abierto.

El mensaje está abierto en la pantalla.

No lo abrí yo.

Creo.

Lo cierro.

Vuelvo a abrirlo.

La primera línea no cambia.

Pero ahora parece más corta.

No sé por qué.

Miro la hora.

Ha cambiado.

No debería.

La vuelvo a cerrar.

La vuelvo a abrir.

La hora vuelve a cambiar otra vez.

Como si respondiera.

No como si existiera.

Siento la mano adelantarse a mí.

Antes de pensar.

Antes de decidir.

Ya está abierto otra vez.

No recuerdo haber tocado nada.

Pero el cursor está moviéndose.

Solo.

Hago una captura.

La guardo.

La carpeta ya tiene otra igual.

No sé cuándo apareció.

La borro.

Sigue ahí.

No la borro.

La cierro otra vez.

La pantalla vuelve sola.

Esta vez más rápido.

Demasiado rápido.

Empiezo a dudar de la secuencia.

No sé si primero vi el mensaje o primero lo recordé.

Eso es lo peor.

No el mensaje.

Sino la sensación de haberlo reconocido antes de verlo.

Abro el historial.

Está limpio.

Demasiado limpio.

Cierro el historial.

Lo vuelvo a abrir.

Ahora hay una entrada nueva.

Con la misma hora.

La misma línea.

Pero no estaba hace un segundo.

Creo.

O quizá nunca dejé de verla.

No estoy comprobando el mensaje.

Estoy comprobando si sigo reaccionando igual.

Y eso ya cambió.

Porque ahora vuelvo sin decidir.

Solo vuelvo.

Cierro todo.

El sistema se queda abierto.

Sin mí.

Antes de que lo piense.


Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…