La Geometría del Colapso: Sutura del Cuerpo y el Espacio en la Anatomía del Encuentro Sadiano

La sutura del cuerpo y el espacio, en el mecanismo de la ingeniería de la fijeza, no empieza como una relación entre dos cosas.

Empieza como un pequeño fallo de encaje.

Estoy de pie en la habitación.

Creo que estoy quieto.

Pero la pared detrás de mí no mantiene la misma distancia todo el tiempo.

A veces parece más cerca.

No de forma clara.

Solo lo suficiente para que la espalda dude antes de apoyarse.

No es contacto todavía.

Es ajuste.

Hay una esquina del muro que no estaba exactamente así hace un momento.

No la estaba mirando.

Eso es lo extraño.

Las cosas cambian cuando no las sostengo con la atención.

O quizá es al revés.

Sigo sin moverme.

Creo.

Pero el suelo tiene una presión distinta bajo el pie izquierdo.

Como si hubiera decidido recordar mi peso de otra forma.

No es desplazamiento.

Es corrección.

Parpadeo.

El aire suena más cerca.

No sé cómo explicar eso sin hacerlo demasiado grande.

Hay una marca en la pared a la altura del hombro.

No la había notado.

O sí la había notado y la había ignorado.

Ahora está demasiado presente.

No parece grieta.

Parece algo que la pared ha intentado ocultar y ha fallado.

Me acerco un poco.

Creo que me acerco.

Pero la distancia no se reduce como debería.

Solo cambia la forma de medirla.

Eso es lo primero que incomoda.

No hay obstáculo.

No hay cierre.

Solo una ligera descoordinación entre el movimiento y su resultado.

Intento apoyarme en la pared.

Mi mano llega antes que mi decisión.

O después.

No lo sé.

El contacto no es firme.

Es como si la superficie todavía estuviera decidiendo si aceptar la presión.

Hay una regla que no recuerdo haber aprendido:

todo lo que se toca demasiado tarde empieza a responder como si ya hubiera sido tocado antes.

No sé cuándo entré en esa regla.

Pero ya la estoy usando.

Doy un paso atrás.

O creo que lo doy.

El sonido del paso no coincide con el peso.

La habitación sigue igual.

Eso es lo inquietante.

Nada cambia de forma visible.

Pero todo ajusta su posición mínima.

Como si el espacio no reaccionara a mí.

Sino a la idea de que estoy aquí.

Sigo con la mano en el aire.

No la bajo.

No la retiro.

No sé qué estaba haciendo exactamente.

Solo sé que el gesto ya no es el mismo.

Y entonces ocurre algo más pequeño que la percepción:

la pared está un poco más cerca que hace un segundo.

No sé si se movió.

O si fui yo el que dejó de calcularla correctamente.

No hay salida clara.

Solo una continuidad que empieza a parecer demasiado estable.

Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo…