Hay una imagen que vuelve mucho.
No sé por qué esa exactamente.
Ni siquiera es especialmente intensa.
No pasa nada espectacular.
No hay nada extremo.
Es solo una mano.
Una mano apoyada en la nuca de alguien.
Y ya está.
Si alguien me preguntara qué tiene eso de especial, no sabría responder.
De verdad que no.
Porque incluso mientras la miro sigo pensando que no debería significar nada.
Pero significa algo.
Y eso es lo que me molesta.
Antes buscaba cosas más evidentes.
Más fáciles de entender.
Ahora me descubro quedándome atrapado en detalles ridículos.
Una mirada.
Una postura.
Una mano.
Sobre todo la mano.
Porque no parece violencia.
No parece sexo.
No parece nada.
Y sin embargo hay algo ahí que me deja incómodo.
A veces cierro el vídeo.
Luego vuelvo atrás.
Y veo exactamente el mismo momento otra vez.
Eso me da mucha vergüenza admitirlo.
No porque sea algo especialmente raro.
Sino porque no entiendo qué estoy buscando.
Hay algo en la forma en que esa persona deja de moverse.
No porque no pueda.
Porque podría hacerlo perfectamente.
Y aun así no lo hace.
Y yo me quedo mirando eso.
Intentando averiguar qué es exactamente lo que me llama la atención.
La confianza.
La rendición.
La calma.
La obediencia.
No lo sé.
Cada explicación parece correcta durante unos minutos.
Luego deja de servir.
Y vuelvo a sentir la misma curiosidad.
Hay momentos en los que ni siquiera estoy excitado.
Y sigo pensando en ello.
Eso es lo que más me preocupa.
Porque la excitación tiene sentido.
La excitación es fácil de entender.
Lo que no entiendo es por qué sigo pensando en ciertas escenas cuando ya no estoy excitado.
Por qué sigo analizándolas.
Por qué sigo imaginándolas.
Por qué siguen ocupando espacio.
Como si estuviera intentando resolver un problema.
Pero no hay nada que resolver.
Es solo una mano sobre una nuca.
Y aun así llevo semanas pensando en ella.
Tengo que mover el cuello no hay cuello…