La Geometría del Espasmo: Sade y el Orgasmo como Infraestructura de Orden Total

No debería estar mirando esto otra vez.

Eso es lo primero que he pensado.

Y aun así he abierto la misma página.

La misma.

La cerré hace una hora.

Luego veinte minutos.

Luego diez.

Ahora ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado.

Hay una foto.

No tiene nada especial.

Ni siquiera es especialmente explícita.

Solo una persona arrodillada.

La he mirado tantas veces que ya no estoy viendo la foto.

Estoy viendo el hecho de que sigo volviendo a ella.

Eso es lo que me incomoda.

He intentado demostrarme que era simple curiosidad.

Por eso abrí otro artículo.

Luego otro.

Luego un foro.

Luego un libro.

Necesitaba comprobar algo.

No sé qué.

Solo algo.

Pensé que cuanto más leyera, menos extraño me parecería.

Ha ocurrido lo contrario.

Ahora conozco más palabras.

Más conceptos.

Más historias.

Y me siento peor.

Porque ya no puedo fingir que fue un accidente.

Hay algo ridículo en esto.

Algo que me da vergüenza admitir.

Cuando encuentro una referencia nueva no siento sorpresa.

Siento reconocimiento.

Como si la hubiera estado esperando.

Como si ya supiera lo que voy a encontrar antes de abrir el enlace.

Anoche hice algo absurdo.

Encontré un artículo.

Lo guardé.

Lo cerré.

Cinco minutos después comprobé que seguía guardado.

No porque fuera importante.

No porque fuera a perderse.

Simplemente quería verlo otra vez.

Verificar que seguía ahí.

Lo peor es que después volví a comprobarlo.

Y después otra vez.

La tercera vez empecé a sentirme incómodo.

La cuarta vez cerré el navegador.

La quinta vez lo abrí de nuevo.

No creo que fuera excitación exactamente.

Ojalá pudiera decir que era solo eso.

Sería más sencillo.

Era algo más difícil de explicar.

Curiosidad.

Vergüenza.

Expectación.

Una especie de calor incómodo en el estómago.

Como cuando sabes que no deberías seguir leyendo algo.

Y sigues.

Hoy he borrado el historial.

Dos veces.

La primera por costumbre.

La segunda porque no recordaba haberlo borrado.

Durante unos segundos me quedé mirando la pantalla.

Intentando recordar.

No el contenido.

El momento.

El instante exacto en que decidí hacerlo.

No lo encontré.

Hay un hueco pequeño.

Nada importante.

Pero está ahí.

Y ahora no puedo dejar de pensar en él.

Creo que esa es la parte que más me preocupa.

No que me interese todo esto.

No que vuelva constantemente.

No que cada día lea más.

Lo que me preocupa es otra cosa.

La sensación de que una parte de mí llegó antes.

Como si hubiera empezado a recorrer este camino mucho antes de que yo decidiera dar el primer paso.

Y cuanto más leo.

Cuanto más busco.

Cuanto más compruebo.

Menos parece un descubrimiento.

Y más parece un recuerdo.

El cuello debería…