Hay algo que me costó mucho admitir.
Porque durante mucho tiempo pensé que todo esto iba de aguantar más.
De soportar más.
De llegar más lejos.
Como si la intensidad fuera una especie de prueba.
Como si cuanto más incómodo resultara algo, más auténtico fuera.
Ahora no estoy tan seguro.
Lo que me desconcierta es que, cuanto más leo sobre dominación y sumisión, más noto una diferencia entre las fantasías que imaginaba al principio y las cosas que realmente me afectan.
Y esa diferencia me da vergüenza.
Porque contradice muchas de las ideas que tenía.
Durante meses pensé que el castigo era una parte central de todo esto.
Era lo que aparecía en mi cabeza cuando intentaba imaginarlo.
La autoridad.
La corrección.
La disciplina.
La dureza.
Todo parecía girar alrededor de eso.
Pero cuanto más tiempo paso leyendo relatos, viendo vídeos y perdiéndome en conversaciones que probablemente no debería estar teniendo conmigo mismo, más extraño me resulta.
Porque empiezo a sospechar que el dolor hace exactamente lo contrario de lo que yo imaginaba.
No te acerca.
Te devuelve.
Te devuelve a ti mismo.
Y eso me cuesta escribirlo.
Porque hay una parte de mí que esperaba que fuera al revés.
Cuando algo duele de verdad, no desaparezco.
Aparezco.
Demasiado.
De repente vuelvo a notar el cuerpo.
La respiración.
Los músculos.
La incomodidad.
La necesidad de reaccionar.
La necesidad de protegerme.
La necesidad de pensar.
Es casi imposible ignorarse cuando algo duele.
Y cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que eso rompe algo.
Rompe precisamente aquello que me resultaba fascinante.
Porque la fascinación nunca estuvo realmente en el dolor.
Estaba en otra cosa.
En esa sensación rara que aparece cuando dejas de estar pendiente de ti mismo durante unos segundos.
Cuando la atención se desplaza.
Cuando ya no estás analizando cada movimiento.
Cuando no estás intentando controlarlo todo.
Eso era lo que me hacía volver.
No el impacto.
No la violencia.
No la intensidad.
Sino esa sensación extraña de silencio.
Y me da vergüenza escribirlo porque suena mucho más vulnerable de lo que me gustaría.
Suena menos heroico.
Menos extremo.
Menos impresionante.
Pero cada vez me parece más cierto.
Quizá por eso sigo leyendo.
Porque todavía estoy intentando entender qué es exactamente lo que busco.
Y cada respuesta abre otra pregunta.
Si fuera el dolor, ya lo habría entendido.
Si fuera la excitación, también.
Pero no es tan simple.
Hay algo más difícil de explicar.
Algo relacionado con dejar de sostener todo el peso de uno mismo durante un momento.
Y todavía no sé qué hacer con esa idea.
Solo sé que cuanto más intento ignorarla, más espacio ocupa.
Y eso empieza a asustarme un poco.
El cuello no lo estoy moviendo debería…