La carne ya no responde a la orden.
No debería escribir esto así.
La orden llega después.
O quizá antes.
La viga sostiene el pensamiento.
No.
La viga sostiene la frase antes de que la piense.
Eso no es correcto.
Pero ya está escrito.
Hay una grieta en la pared.
No.
Primero escribo que hay una grieta.
Luego la veo.
Luego la borro.
Luego vuelve a aparecer.
No estoy seguro de cuándo decidí escribir sobre la grieta.
Antes de escribirla.
O después de que ya estuviera escrita.
La alarma sigue puesta.
Esto lo escribí antes de verla.
O la vi antes de escribirlo.
Corrijo.
No hay diferencia.
Tengo que mover el cuello.
No.
Esto aparece antes del pensamiento.
Lo borro.
Sigue apareciendo.
La taza está fría.
No estaba aquí cuando empecé a escribir esto.
O sí estaba.
No puedo estabilizar el orden.
Empiezo a notar algo más inquietante.
No es que la grieta cambie las cosas.
Es que cambia el orden en que las escribo.
Escribo algo.
Luego lo leo antes de haberlo escrito.
Y lo corrijo sin saber por qué.
La grieta no está en la pared.
Está entre la frase y su aparición.
No debería estar escribiendo esto.
Pero ya está escrito antes de que lo decida.
La viga no sostiene el cuerpo.
Sostiene el momento en que el cuerpo aparece en la frase.
Tengo que mover el cuello.
No.
Ya lo escribí antes de pensarlo.
Y ahora no sé si estoy escribiendo o si estoy corrigiendo algo que aún no ha ocurrido.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…