Anoche abrí otra vez la misma página.
No era la misma.
Creo que eso es lo que me da más vergüenza admitir.
No lo de la página.
Lo de haber vuelto.
He estado leyendo sobre esto demasiado tiempo como para poder fingir que es curiosidad.
Pero sigo diciéndomelo.
Curiosidad.
Como si esa palabra fuera una excusa estable.
Hoy he notado algo raro mientras leía.
No en el contenido.
En mí.
He dejado de saber cuándo empiezo a leer de verdad.
A veces ya estoy dentro antes de decidirlo.
Eso me hace cerrar el portátil demasiado rápido.
Como si cerrar evitara que algo se quede.
No sé qué.
Hay una nota en el bloc de notas.
La escribí yo.
Creo.
Dice:
“no retengas el siguiente ciclo”
No recuerdo haberla escrito.
Pero sí recuerdo haberla leído antes.
Eso es lo peor.
La sensación de repetición sin origen.
He intentado borrarla.
Ha vuelto.
No inmediatamente.
Después.
Como si no dependiera del momento en que la elimino.
Sino de otro lugar.
He dejado de confiar en el cursor.
Parece que llega antes que mi intención.
No siempre.
Solo a veces.
Eso es lo que me mantiene aquí.
Hoy he cerrado todo sin terminar nada.
No porque hubiera algo mal.
Sino porque he sentido que estaba a punto de entenderlo.
Y eso siempre viene justo antes de que deje de ser seguro.
No he querido comprobarlo.
Eso ha sido una decisión.
Creo.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…