Durante unos segundos pensé que la taza estaba más cerca.
No estoy seguro de haberla visto moverse.
Lo extraño es eso.
No el movimiento.
Sino la duda de si lo vi o si solo vi la necesidad de comprobarlo.
La taza está en la mesa.
O está “igual”.
No sé cuál de las dos frases es más fiable.
Porque “igual” ya no significa lo mismo.
A veces la miro y me da la impresión de que no está ahí para ser vista.
Está ahí para comprobar si sigo siendo capaz de verla sin dudar.
Eso es lo nuevo.
No el objeto.
La función.
He pasado el dedo por la mesa otra vez.
El polvo no desaparece.
Pero tampoco se acumula.
Solo cambia de lugar como si recordara dónde lo toqué.
Eso me ha incomodado más de lo normal.
No debería importar.
Pero importa.
Porque la superficie no parece sucia.
Parece atenta.
Como si registrara.
Hay agujeros en la pared.
Donde había cosas.
No recuerdo qué cosas.
Solo que no eran pequeñas.
Eso es lo único claro.
No el objeto.
El tamaño del hueco.
He intentado ignorar la alarma.
Pero volvió a sonar.
Tres minutos antes.
Intenté cambiarla.
No pude.
No por dificultad.
Sino porque no podía recordar qué hora quería poner.
Solo sabía qué hora no debía aparecer.
Eso me dejó un rato quieto.
No como descanso.
Como error.
Hoy pensé en el cuello.
No como gesto.
Como comprobación.
Antes pensaba que quería moverlo.
Ahora creo que quería comprobar que todavía podía querer moverlo.
No sé cuándo cambió eso.
O si cambió.
A veces no lo muevo.
Y no pasa nada.
Pero “no pasa nada” ya no es tranquilizador.
Es solo otra forma de observar si algo debería pasar.
He cerrado la pantalla varias veces.
Cada vez vuelvo a abrirla sin recordar por qué la cerré exactamente.
No es olvido.
Es continuidad sin origen.
Durante unos minutos creí haber salido de la habitación.
Caminé hasta la cocina.
Eso es lo que recuerdo.
La taza estaba allí.
No debería haberme sorprendido.
Pero lo hizo.
Porque no recordaba haberla traído.
O peor.
No recordaba haberla dejado atrás.
En algún punto dejé de distinguir ambas cosas.
No sé si estoy leyendo esto.
O si esto aparece cuando intento dejar de leerlo.
A veces creo que la frase llega antes que yo.
No como idea.
Como estructura.
Y yo solo entro después para comprobarla.
Tengo que mover el cuello no lo estoy moviendo debería…